La activista iraní y Premio Nobel de la Paz Narges Mohammadi ha abandonado la unidad de cuidados intensivos de un hospital de Teherán después de varias semanas de preocupación internacional por su delicado estado de salud. Aunque ya ha recibido el alta hospitalaria, los médicos han advertido de que deberá continuar bajo una estricta supervisión médica en su domicilio y someterse a un largo proceso de recuperación.
La noticia ha sido confirmada por la Fundación Narges Mohammadi, que explicó que la activista necesitará controles médicos constantes, visitas frecuentes al hospital y sesiones diarias de fisioterapia. Los especialistas consideran que su situación sigue siendo especialmente delicada y que cualquier esfuerzo físico o psicológico importante podría agravar nuevamente su estado.
Su hija, Kiana Rahmani, lanzó un mensaje contundente al asegurar que el regreso de su madre a prisión supondría “una sentencia de muerte”. La familia y diversas organizaciones internacionales de derechos humanos llevan meses denunciando las condiciones en las que se encuentra Mohammadi y reclamando su liberación definitiva.
La activista fue hospitalizada inicialmente a principios de mayo en la ciudad de Zanjan y posteriormente trasladada a un hospital de Teherán debido al empeoramiento de su salud. Durante su ingreso, tuvo que someterse a una angiografía tras sufrir graves alteraciones de la presión arterial. Según el equipo médico, el deterioro físico de Mohammadi está relacionado directamente con años de presión psicológica, ansiedad crónica y el desgaste provocado por largos periodos de encarcelamiento.
Narges Mohammadi se ha convertido en una de las voces más importantes en la defensa de los derechos humanos en Irán. Su trayectoria como activista la llevó a recibir el Premio Nobel de la Paz, reconocimiento internacional a su lucha por la libertad, los derechos de las mujeres y la denuncia de la represión política en el país.
Sin embargo, su activismo también la ha convertido en objetivo constante de las autoridades iraníes. A lo largo de los últimos años ha acumulado varias condenas judiciales relacionadas con actividades consideradas contrarias al régimen. Entre ellas figuran acusaciones de propaganda y conspiración, además de restricciones adicionales que le impiden abandonar el país.
La situación de Mohammadi ha generado una fuerte movilización internacional. Numerosas organizaciones humanitarias y figuras políticas han reclamado que se suspendan definitivamente los procesos judiciales contra ella y que pueda recuperarse fuera del entorno penitenciario.
Los médicos han insistido en que necesita al menos ocho meses de cuidados especializados, reposo absoluto y un ambiente tranquilo para evitar nuevas complicaciones. Según la Fundación que lleva su nombre, después de más de una década entrando y saliendo de prisión, su cuerpo ya no puede soportar las condiciones físicas y emocionales asociadas al encarcelamiento.
El caso de Narges Mohammadi simboliza también la situación de muchos activistas y defensores de derechos humanos en Irán. Su estado de salud y su situación judicial siguen siendo observados muy de cerca por la comunidad internacional, que continúa reclamando garantías para su seguridad y su libertad.