Alrededor de 1.700 personas permanecen confinadas a bordo de un crucero de la compañía Ambassador Cruise Line en el puerto de Burdeos, Francia. La medida se tomó tras el fallecimiento de un pasajero británico de más de 90 años y la detección de síntomas de gastroenteritis en, al menos, otros 50 viajeros, quienes presentan cuadros de vómitos y diarrea.
El buque, que inició su travesía el pasado 6 de mayo en las Islas Shetland, realizó escalas en Belfast, Liverpool y Brest antes de llegar a aguas francesas. Fue precisamente en la parada de Brest donde saltaron las alarmas el pasado 11 de mayo, registrándose el fallecimiento del anciano justo antes de que la embarcación lograra atracar en el puerto.
Actualmente, las autoridades sanitarias francesas mantienen una investigación abierta para determinar el origen del contagio. Aunque los análisis iniciales han descartado la presencia de norovirus, los expertos del hospital de Burdeos continúan realizando pruebas exhaustivas. La principal hipótesis que barajan los investigadores en este momento es una posible intoxicación alimentaria ocurrida a bordo.
La preocupación de los servicios médicos radica en la vulnerabilidad de ciertos grupos de pasajeros. Aunque la gastroenteritis aguda suele tener una letalidad baja en personas sanas, puede resultar fatal para adultos mayores, bebés o personas inmunodeprimidas debido a la deshidratación y la inflamación gastrointestinal, lo que justifica las estrictas medidas de precaución adoptadas.
Por ahora, el itinerario del crucero, que tenía previsto continuar su ruta hacia España, se encuentra suspendido mientras se esperan los resultados definitivos. Las autoridades han aclarado que este incidente no tiene relación con el brote de hantavirus que afectó recientemente a otra embarcación, el MV Hondius, centrando sus esfuerzos exclusivamente en la seguridad de los pasajeros retenidos en Burdeos.