Si bien la prudencia es una excelente virtud, con frecuencia parece cobardía. En uno de sus fragmentos más conocidos, San Juan de la Cruz afirma que Dios sólo reina en el alma pacífica y desinteresada. Podríamos añadir: bienaventurados los pacíficos porque ellos no necesitan alterarse para exigir la justicia y proclamar la verdad.
Pacífico como Vicario de Cristo y desinteresado porque es dueño de lo más valioso, el papa León XIV , sin apenas mover un músculo de la cara, ha denunciado que “el mundo está siendo devastado por un puñado de tiranos”. Lo ha dicho. Con dolor lo ha dicho, pero no queda otro remedio que denunciar solemnemente la verdad de lo que pasa, por más que miren para otro lado los aludidos.
Lo que toca el hombre queda manchado con el polen de su egoísmo. En todos los países hay corrupción en detrimento de los débiles, pero en África son más altas las candelas y allí el papa ha pedido que se haga HOY la transformación porque “las esperanzas han de ser más grandes que vuestras heridas”. En Camerún la misa ha sido otra vez multitudinaria… Miedo ha de tener ese “puñado de tiranos”.
Pedro Villarejo