El doctor Diego García-Borreguero, director del Instituto de Investigaciones del Sueño, ha alertado sobre la existencia real y científica del «trastorno por trabajo a turnos». Según el experto, esta condición debería ser catalogada oficialmente como una enfermedad profesional, ya que el cerebro de estos trabajadores no logra recuperarse adecuadamente al dormir en un contexto fisiológico que impide un sueño profundo y reparador.
Las consecuencias para la salud son alarmantes, equiparando el desgaste físico de un trabajador a turnos de 50 años con el de uno de 65 que tiene un horario regular. Los datos muestran que estos profesionales tienen un 65% más de probabilidades de sufrir deterioro cognitivo y riesgos multiplicados de padecer hipertensión arterial o enfermedades coronarias, reduciendo drásticamente su esperanza de vida.
Además de los problemas cardiovasculares, el trabajo nocturno o rotativo se identifica como un factor de riesgo para el cáncer. Las estadísticas presentadas indican incrementos notables en la probabilidad de desarrollar tumores de mama, próstata y colorrectal. Asimismo, el riesgo de sufrir un ictus isquémico crece un 4% de forma acumulativa por cada cinco años que se trabaje bajo este esquema horario.
En el ámbito de la seguridad, la fatiga y la desincronización de los ritmos biológicos son responsables de hasta el 27% de los accidentes laborales. Los expertos señalan que la asincronía genera una «falsa sensación de autoconfianza» en el empleado, quien se acostumbra a síntomas como la somnolencia excesiva, lo que deriva en una mayor propensión a cometer errores críticos en sectores de alta responsabilidad.
Actualmente, cerca de dos millones de personas en España trabajan por turnos, una cifra que en Europa alcanza al 20% de la población activa. Ante esta realidad, diversas asociaciones profesionales y sindicatos de sectores estratégicos —como pilotos, médicos y guardias civiles— exigen nuevos modelos de organización que prioricen la gestión del riesgo de fatiga y mitiguen los graves efectos negativos de la turnicidad.