A los exegetas del Nuevo Testamento les sigue costando trabajo distinguir los episodios demoníacos, de los que necesitaban llamar la atención o de los locos de remate. Santa Teresa de Jesús a la monja que les llevaban con histrionismos, tras analizar sus procedencias, respondía: “Dénle de comer, que esta hermana lo que tiene es hambre”.
Por los gestos, aspavientos desmedidos y palmas de flamenca desajustada, la señora candidata a la Junta de Andalucía por el PSOE, no es fácil distinguir a simple vista si lo que tiene es un agraviado malestar en el alma, un hambre feroz de seguir sirviendo a la Patria o una dependencia espiritual por seguir los pasos de aquel que ha marcado el compás de su trayectoria y, en los demás, está dejando una pisada de abismos irrecuperables.
Ante el descomedimiento de esta señora, sería muy atrevido y arriesgado por mi parte darle el voto que solicita, envuelta en verdes, por los buzones de las casas. La vulgaridad es una manifestación insolente de lo mediocre. Y no me atrevo. La verdad es que no me atrevo a votarla.