La neuróloga Celia García Malo, portavoz de la Sociedad Española de Neurología (SEN), ha advertido que imponerse horarios de vigilia extremos, como levantarse a las cinco de la mañana por moda o disciplina, puede ser contraproducente. Según la experta, la salud del sueño no depende de la hora del despertador, sino de respetar las necesidades individuales y el tiempo total de descanso. Ignorar estos factores puede derivar en un déficit crónico de sueño en una población donde el 48% ya presenta una mala calidad de descanso.
El concepto clave en esta advertencia es el cronotipo, la predisposición genética que determina si una persona es más activa de día o de noche. Forzar un cambio brusco para madrugar en contra de este «reloj biológico» no es una cuestión de voluntad, sino un ataque a la biología personal que puede desencadenar insomnio y una baja eficiencia del sueño. Aunque el 50% de la población tiene un perfil estándar, el resto se divide entre perfiles matutinos y vespertinos que requieren horarios diferenciados.
La privación de sueño tiene efectos devastadores que van mucho más allá del cansancio diario. La falta de un descanso adecuado impacta directamente en la regulación del metabolismo, debilita el sistema inmunológico y altera la estabilidad emocional. A nivel cerebral, dormir menos de seis horas de forma habitual incrementa hasta en un 30% el riesgo de deterioro cognitivo y se vincula estrechamente con la aparición de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, además de trastornos de ansiedad y depresión.
Durante la noche, el cerebro realiza tareas críticas como la eliminación de sustancias neurotóxicas y la consolidación de la memoria. Cuando este proceso se interrumpe o se acorta artificialmente por seguir tendencias de productividad, se comprometen funciones ejecutivas esenciales como la toma de decisiones y la atención sostenida. Además, el déficit de sueño favorece la resistencia a la insulina, el aumento de peso y eleva significativamente el riesgo cardiovascular.
Finalmente, la SEN hace un llamamiento a priorizar el conocimiento del propio organismo frente a las rutinas populares sin respaldo científico. La productividad real nace de la calidad del descanso y de su adecuación a la biología individual. Los neurólogos recomiendan que cualquier síntoma de cansancio no reparador sea evaluado por especialistas, subrayando que la optimización del sueño debe ser personalizada y adaptada al contexto laboral y de salud de cada individuo.