La jueza Teresa Palacios, presidenta de la sección cuarta de lo Penal de la Audiencia Nacional, elaboró la ponencia que ha llevado al tribunal a condenar a pena de prisión de 3 años y medio de cárcel al entonces -2016- comisario en activo José Manuel Villarejo.
“El Tribunal ha llegado al convencimiento, sin fisura alguna, de la autoría en la recepción por el acusado [José Manuel Villarejo] de la información guardada en la tarjeta del teléfono de Dina [Bousselham] que entregó una vez en su poder a sendos medios digitales. [Hubo] una sola copia de la tarjeta de la que se dispuso y que entregó al acusado, siendo por ende la que exclusivamente podía ponerse en circulación”, razona la sentencia.
“Tal como destacó el Ministerio Fiscal y los letrados de las dos acusaciones particulares, se está ante hechos cuya base probatoria no es directa sino a través de la prueba de indicios, los cuales han sido explicitados ampliamente conformando el iter por la suma de los datos referidos y el resultado de los mismos, alcanzando el tribunal la convicción exigida en orden al pronunciamiento condenatorio solicitado por las acusaciones respecto de José Manuel Villarejo”, explica para entender la metodología aplicada para llegar a la condena de Villarejo.
La prueba de indicios ha exigido un trabajo exhaustivo de descarte de los obstáculos puestos por la defensa de Villarejo y la colaboración con ella de los periodistas beneficiarios de las informaciones que les proporcionó. Vamos, Teresa Palacios ha tenido que usar la lupa de Sherlock Holmes.
Esos periodistas de dos medios digitales negaron en el juicio que Villarejo les entregara material extraído de un pendrive que él mismo preparó y que fue hallado en el registro de su domicilio el 3 de noviembre de 2017 y atribuyeron a fuentes internas de Podemos esas informaciones, que, en realidad, desacreditaban a toda la organización.
En cambio, esa prueba de indicios para desentrañar las filtraciones a los medios digitales no fue necesaria para saber quién aportó a Villarejo el pendrive con los datos del teléfono de Dina Bousselham.
Porque en primer lugar,fue el propio presidente del Grupo Zeta, Antonio Asensio, quien le entregó la tarjeta a Pablo Iglesias en enero de 2016 que había llegado a la redacción de la revista Interviú.
Y mira por dónde, periodistas del mismo grupo confeccionaron un pendrive con los datos de la tarjeta y se lo entregaron más tarde a Villarejo, quien a su vez hizo otra copia y los difundió.
Los dos periodistas que le aportaron el pendrive, de motu propio-Villarejo era de facto colaborador en muchas “exclusivas” de la revista- fueron perdonados por Pablo Iglesias en el juicio oral y, por tanto, se han salvado de esta sentencia, según queda expresamente relatado.
Porque si hubiesen seguido como acusados el resultado sería parecido al de Villarejo habida cuenta de que su colaboración fue decisiva.
La sentencia aclara que Villarejo no tenía el cometido de la Dirección Adjunta Operativa de la Policía Nacional, donde estaba adscrito, bajo el mando del director, Eugenio Pino, de investigar las actividades de Podemos.
La pregunta – que la sentencia no aborda- es esta: por qué quería desacreditar Villarejo a Podemos. ¿Por cuenta de quién?
La clave esta en los múltiples audios que Villarejo grabó sobre sus encuentros y conversaciones con la secretaria general del Partido Popular, Maria Dolores de Cospedal.
Si se escuchan las múltiples conversaciones de Villarejo es evidente el motivo de la conducta de Villarejo al tener acceso al material secreto e íntimo de Dina Bousselham: destruir a Podemos.
Villarejo no actuó en calidad de comisario, por así decir, pero tampoco por su exclusiva cuenta.
Por un lado, Eugenio Pino estaba ya en una campaña de desprestigio de Podemos en 2016 desde la Dirección Adjunta Operativa (DAO) de la Policía (informe PISA mediante)
Pero, como se ha señalado, Cospedal le pidió que trabajase activamente contra Podemos.
La sentencia del tribunal elaborada por Teresa Palacios debería ser examinada por los profesionales del periodismo. Una sentencia que supone una clara derrota para aquellos periodistas y medios que han convivido firmando cómodamente informaciones que les regalaba “en exclusiva” Villarejo.
La jueza Palacios pone el dedo en la llaga de la cama redonda de periodistas y policías que ha campado por sus respetos en este país.