La vida comienza cuando decidimos creer en ella. Todas las vidas tienen su propia quemadura, sus astillas, sus temblores, sus agonías y sus locuras. De todo eso se resucita cuando el empujón del amor es más fuerte que los horizontes de la tristeza.
El Festival en Cibeles con ochenta y cinco mil jóvenes festejando la vida que Jesucristo nos regaló hace más de dos mil años, es el signo más claro de la Verdad. Sólo la Verdad permanece en el anclaje de los siglos cuando, experimentada en el vivir diario, se llega a la conclusión de que nada ni nadie deja un asiento de paz tan cristalino como seguirle a través de los túneles de la vida, creyendo en una resurrección que no es promesa, sino la mejor manera de creer, no sólo en la grandeza de Dios, sino en la maravilla que sembró en el hombre.
Ser cristiano no es una consecuencia de modas alternativas, se trata del mejor programa que enriquece de verdad el porvenir del ser humano. El papa León XIV ha enviado un mensaje que nace en la felicidad profunda de estos jóvenes: “Ojalá el mundo entero pudiese gozar de esta manera”… Gracias, queridos jóvenes, por esta resurrección que nos brindáis.