A fin de que cobren los que no trabajan o para los muchos a los que se les deben favores o silencios, se ha inventado el bien remunerado oficio de Consejero. Si ha terminado su tiempo del CNI, se le ficha para consejero del presidente de una hidroeléctrica en asesorías internacionales. Que el Estado ha de contribuir con una financiación ad hoc para remontar una empresa, exige al responsable que nombre a uno de sus inútiles para consejero. Que los partidos políticos tiene que vigilar la programación de TVE, se nombra consejeros a los primos del cuñado del ministro tal que, a su vez, ha tenido que nombrar consejeros a la multitud de harapientos intelectuales que pululan por las extravagancias de una sociedad deforme. Cientos, miles de consejeros en cualquier empresa o ámbito que se precie.
Tantos consejeros indican la incapacidad absoluta de aquellos que han de ser aconsejados. Si al menos sus consejos fueran como los de Plutarco, que nunca cobraba sus clases porque estaba convencido de que no tenían precio… por el contrario, Las de nuestros consejeros sí, y salen de nuestros bolsillos como salen de un manantial las aguas.