El presidente del Gobierno Pedro Sánchez ha destinado 7.500 millones durante los últimos cuatro meses para el ministerio que dirige Margarita Robles. En concreto, para comprar armas y para contentar a su homólogo de EE UU Donald Trump, quien ha exigido a los países europeos que libren un 5% del PIB para adquirir material bélico.
Estas entregas de dinero no las hace públicas el Gobierno porque casarían mal con la campaña que ha emprendido ahora para erigirse como el presidente global del no a la guerra. En realidad, a Sánchez, dada su acreditada ausencia de escrúpulos y su imán con el Falcón, le da igual que haya guerras o no.
Simplemente, a sus ideólogos, les viene bien machacar esa idea para, por una parte, hacer creer a otros países que él es un adalid anti-guerra y, por otra, que se solape la inmundicia corrupta que rodea a su esposa (que tendrá que sentarse en el banquillo por cinco delitos, ante un jurado popular si es que la Audiencia de Madrid no dice otra cosa).
Sin olvidar a su hermano el músico y a los lugartenientes que le llevaron al poder pactando con los secesionistas a cambio de darles miles de millones de euros restándoselos al resto de España, o concediéndoles todas las transferencias, hasta migratorias y fiscales, que ellos le pedían.
Nunca ha habido en España un presidente más abrazado por la corrupción y más maquiavélico para seguir atado a un sillón que no merece porque lleva no se cuantos ejercicios sin presupuestos (es vomitivo verle en las redes decirle a Rajoy que o presentaba los presupuestos de uno de los años fiscales o que se fuera).
Nunca se habían subido tantos los impuestos. Más de 100 nuevos lleva este presidente del no a la guerra.
Tiene asfixiada a la sociedad. Saca mucho dinero y no explica a donde lo lleva (se sabe, eso sí, a título de ejemplo, que se abonó un curso de formación en un país hispano para profundizar en las distintas perspectivas de la vulva femenina… o algo así.
Y también se sabe que se pagó un estudio de los túneles de la M-30 desde la óptica machista y que se saldó con los 500 millones anuales que Sánchez le daba a Irene Montero para que se entretuviera. De ahí partían las exotéricas y costosas ideas.
Ahora ha visto Sánchez que le ha salido bien su campaña del no a la guerra y, de tapadillo, deja caer otra de sus mentiras: mientras por un lado dice no a la guerra, por otro, en los últimos cuatro meses, ha dado para comprar armas un total de 7.500 millones.
6.000 de ellos los aportó a Defensa días antes de que finalizase 2025 con la intención de que constase esta entrega en el ejercicio pasado para intentar cumplir con las exigencias de Trump a los países de la OTAN. El dinero, 6.000 millones, se dio a dedo a Indra, sin concurso ni nada.
Y sin saber siquiera cuál sería su destino final.
Otras empresas del sector tecnológico han protestado por esta entrega discrecional de miles de millones a Indra y han amenazado con llevar el tema a los tribunales, aunque Defensa les está prometiendo otras entregas dinerarias en concursos a ellos para que no acudan a los juzgados y lo dejen estar.
Y aparte de esos 6.000 millones, en lo que va de año ha destinado otros 1.500 millones también para la compra de armas de guerras.
Su apoyo a Irán y al grupo terrorista Hamás ha enfadado a Trump. La prensa británica ha divulgado que Irán está utilizando el nombre y la fotografía de Pedro Sánchez en sus torpedos contra EE UU e Israel, que ayer recordó a Sánchez que los misiles iraníes también alcanzan España.
Trump ha dicho que va a quitar las bases de Rota y Morón y que posiblemente las instale en Marruecos.
Las comarcas de ambas poblaciones van a sentir el latigazo de la que era la principal fuente de ingresos de sus zonas. Además, se cierne sobre la economía andaluza, vinos, jamón, aceite de oliva, etc, etc, la amenaza de Trump de cortar todo tipo de relaciones con España.
Pero esto a Sánchez le da igual, como su contradictoria película de la guerra y su lamentable ego ahora subido tras verse fotografiado en las ayatoladasbombas de Irán.