La crisis energética vuelve a sentirse con fuerza en España tras el estallido del conflicto en Oriente Medio el pasado 28 de febrero. Los precios de los carburantes encadenan su novena semana consecutiva al alza, impulsados por el encarecimiento del barril de Brent, que ya supera los 115 dólares.
Según el último Boletín Petrolero de la Unión Europea, el diésel ha subido un 27,4% desde el inicio de la guerra, alcanzando los 1,836 euros por litro, mientras que la gasolina ha aumentado un 14,9%, situándose en 1,708 euros. Aunque la subida semanal ha sido más moderada que la anterior, la tendencia sigue siendo claramente ascendente.
En los últimos siete días, el diésel ha vuelto a incrementarse un 11,6%, alcanzando niveles que no se veían desde finales de 2022. Por su parte, la gasolina ha subido un 6,7%, con cifras inéditas desde octubre de 2023. Esta evolución confirma un patrón ya conocido: el diésel vuelve a ser más caro que la gasolina debido a su mayor demanda y escasez en Europa.
El impacto se nota directamente en los conductores. Llenar un depósito medio de 55 litros de diésel cuesta ya 100,98 euros, más de 10 euros que la semana pasada y más de 21 euros que hace un año. En el caso de la gasolina, el coste alcanza los 93,94 euros por repostaje.
Además, cada vez son más las gasolineras que superan la barrera de los dos euros por litro. Actualmente, el diésel rebasa ese precio en 485 estaciones de servicio en España, mientras que la gasolina 98 lo hace en 435. Esta situación afecta ya al 6% de las grandes cadenas.
Las diferencias entre gasolineras también se están reduciendo. Según la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), la brecha entre estaciones low cost y grandes compañías ha pasado del 20% al 15% en las últimas semanas, reflejando una subida generalizada en todo el sector.
Ante este escenario, expertos y organizaciones reclaman medidas urgentes. Desde la Asociación de la Industria del Combustible de España (AICE) advierten que el diésel ha llegado a subir un 80% y proponen alternativas fiscales: “Es interesante, porque en Portugal aprovechan la sobrerecaudación del IVA para hacer rebajas en el impuesto especial de combustibles”.
Por su parte, el sector del transporte insiste en actuar de inmediato para aliviar la presión económica y evitar daños mayores en la cadena de suministro.