El IPC interanual se mantuvo en febrero en el 2,3%, según los datos definitivos del INE, deteniendo tres meses consecutivos de descensos. Esta aparente “calma” en la inflación se debe a la bajada de la electricidad, que ha compensado la escalada de precios en alimentos, restaurantes y servicios de alojamiento, cuyos costes aumentaron un 3,2% respecto a febrero de 2025.
Sin embargo, la verdadera tormenta está por llegar: los datos de marzo reflejarán ya el impacto del aumento de los precios energéticos provocado por la escalada del conflicto en Irán, tras los ataques de Estados Unidos e Israel y la respuesta iraní que amenaza con interrumpir el tránsito de petróleo por el estrecho de Ormuz.
La inflación subyacente, que excluye energía y alimentos no elaborados, subió hasta el 2,7%, el nivel más alto desde agosto de 2024, adelantando el riesgo de presión sobre los bolsillos españoles. En términos mensuales, febrero registró un alza del 0,4%, impulsada por la subida de transporte, alojamiento y alimentos, presagiando un marzo aún más intenso.
El IPC armonizado (IPCA) marcó un 2,5% interanual, dejando claro que el efecto global del conflicto en Oriente Medio ya se empieza a sentir en los mercados y en la economía española, que encara un riesgo de inflación creciente si los precios del petróleo continúan disparándose.