«La policía se ha portado bien», se le escapó ayer a la tertuliana proSánchez Sara Santaolalla, eludiendo descubrir en qué consistía ese portarse bien. No es broma ese portarse bien.
Según ha podido saber Fuentes Informadas, el director general de la policía, Francisco Pardo, ha ordenado que se dote de escoltas policiales a la tertuliana Santaolalla. Casi permanentes.
Y ayer mismo por la tarde, se produjo la primera demostración de fuerza policial antiVitoquiles made en Marlaska para esta especie de novia del PSOE. Ha debido llorarle a alguno y le han puesto un pedazo grupo policial a sus órdenes. En una disco, a los porteros y a sus amigas, podrá decirles: «Son mis escoltas, dejadlos pasar…».
Dos furgones de la UIP, los antidisturbios del procés catalán, la acompañaron a los juzgados de la plaza de Castilla. Y de ellos se bajaron agentes que daban miedo de grandes. Siete policías la acompañaron hasta el mismo juzgado dentro de los juzgados.
Los furgones de ayer, fue un adelanto. El jefe policial de la unidad de escoltas, por orden del director general, quien a su vez, por orden de Marlaska, y quién sabe si este por orden de Pedro o Begoña desde La Moncloa.
Se dio la circunstancia de que la juez de instrucción 23 de Madrid, ayer de guardia, citó a la prolija tertuliana por la tarde, a ella y al showperiodista Vito, de urgencia, para ver si debía o no dictar una orden de alejamiento contra Quiles tras la denuncia puesta por ella por los incidentes de este miércoles a las puertas del Senado.
Lloriqueando, la tertuliana se exhibió tras los incidentes con un brazo en cabestrillo que le habían puesto en el hospital y culpó a Quiles de haberla agredido (cuando salía de una conferencia en el Senado sobre «bulos y desinformación» y esas cosas que dice últimamente el PSOE) y no paraba de zaherirlo llamándole «Botosquiles». Y él, arrojándole a la cara que «su novio tiene 30 años más que ella».
Lo cierto que la juez de instrucción de la plaza de Castilla habló con los dos, vio el vídeo, ella no quería que se viera, y decidió no otorgar a Santaolalla que le alejase a Vito. Obró bien la juez. Toda la farfolla verbal de Santaolalla se desparrama ante los vídeos.
Vito dijo que es una denuncia falda, y también la ha denunciado a ella. Le pide 200.000 euros por injurias y calumnias. La verdad es que no hubo agresión. Se la inventó o se le fue la olla sobre la autoría real de sus moratones. Y eso que es una de las talibanas del feminismo televisivo.
Lo cierto, y grave, es que Marlaska, pese que la juez ha denegado la protección y el alejamiento de Quiles, ha puesto ESCOLTA POLICIAL casi permanente a una comunicadora cuyo mayor mérito es decir naderías en Telesánchez tve1.
Quiles podrá seguir acercándose a ella con el micrófono cuando quiera.
La tertuliana, que ayer salió con el brazo en cabestrillo y, entre lloriqueo y lloriqueo, llevaba tiempo creando ese ambiente ultrafeminista que a más de uno ha llevado hasta la cárcel. O cuanto menos, al estigma.
Quizás durante la batahola le han hecho daño, puede ser, pero no fue Vito, a lo mejor fueron los gorilas que la acompañaban. Escuderos suyos, para que Vito no se le acercara, y hasta cuatro senadores electos entre ellos. ¿Qué les dará esta mujer…? Suscita sensibilidades, dicen de ella.
Esta historia se está dando la mano con las primeras noticias de las redes sociales que alertan de las nefastas consecuencias de la tirria que le tiene Donald Trump a Pedro Sánchez.
Sánchez, que no ganó las elecciones y sabe que ahora menos aún las ganaría, lleva la política exterior a su albur, ante la perplejidad de los ciudadanos que ven atónitos cómo ha conseguido este nuestro gobernante sacar al mismísimo presidente de Estados Unidos de sus casillas. Con las consecuencias que el propio Trump ha avanzado.
Y Trump no es como los otros, este cumple, para bien o para mal. Sánchez cree que de esta forma distrae a los ciudadanos de la corrupción que azota a su familia. Nadie dimite en este Gobierno de fango extremo.
Santaolalla es una de las fans mediáticas de Sánchez.
Salió de la nada por ser la novia del periodista de TVE Javier Ruiz, también de inequívocos valores sanchistas, y desde hace tiempo se ha convertido en El Alcázar socialista de la opinión sostenible.
La adoran los políticos socialistas (Marlaska/escoltas tiene fotos con ella muy amistosas), a Vito Quiles lo detestan porque sus preguntas son muy incómodas y no saben qué decir… Les martiriza luego verse en las redes quedando como tontos ante un Vito descarado.
Pero tienen razón cuando le dicen que no le ven tan incisivo, si es que se ve, y ser igual de osado con la derecha política.
Sarah e Irene Montero han defendido en voz alta que no hay denuncias falsas. Se ha dado un tortazo. La suya propia lo es según lo trascendido en los vídeos. Vito ni la tocó.
A lo mejor todos esos hematomas que ha exhibido se los causaron los gorilas que la rodeaban en su ahínco desenfrenado por apartarla del micrófono loco de Vito.
Porque esto de Sarah, la incriminación de Vito, ha sido una locura. ¿De dónde se lo ha sacado? Porque desnorte es ir a los juzgados aparato mediático mediante y ayuna en pruebas.
Sarah, su credibilidad, de la que nunca ha hecho gala, la han hecho trizas los vídeos grabados. A ver qué doctrinilla da ahora esta criatura por la Tele.
Por su parte, la fórmula Vito Quiles, aguardar horas escondido hasta pillar a algún político desairado y soltarle las preguntas que los otros periodistas descuidan por lamentables y variopintos motivos, ha sido innovadora. Y muy de agradecer. Despabiló a los periodistas parlamentarios, que se hacían cruces ante tu elogiable osadía.
Pero se acabará la chispa. Y será entonces cuando, para salir de la etiquetas que acumulas, tendrás que deshacer tu pasado haciendo periodismo de calidad, rigor e ímpetu comedido, nunca irrespetuoso.
Nadie está obligado a responderte. Cabe interpretar los silencios.
Pero no es periodismo enzarzarse con la entrevistada. Si no quieren contestar, te vas. Y que quede constancia de la pregunta y del silencio.
Flaco favor, por otra parte, ha hecho Santaolalla, con su clamoroso desatino, a las mujeres realmente maltratadas.