Cuando se habla de migraña, muchas personas piensan únicamente en un fuerte dolor de cabeza. Sin embargo, esta enfermedad neurológica va mucho más allá. Puede afectar a distintas funciones del sistema nervioso y manifestarse con síntomas que, en ocasiones, sorprenden a quienes la padecen. Entre ellos, el dolor cervical, los mareos, los trastornos digestivos o incluso cambios en el estado de ánimo.
En España, la migraña afecta aproximadamente al 12 % de la población. No se trata de una molestia puntual, sino de un problema de salud que puede alterar la vida cotidiana antes, durante y después de cada crisis. Comprender su alcance es el primer paso para mejorar su manejo.
Uno de los síntomas más frecuentes, especialmente en las formas crónicas, es el dolor en la zona cervical. Muchas personas lo atribuyen a contracturas musculares o problemas de la columna, pero en realidad puede formar parte del propio proceso migrañoso. A veces incluso aparece antes del dolor de cabeza, como una señal de que la crisis está a punto de comenzar.
Además del dolor físico, la migraña puede provocar irritabilidad, ansiedad o sensación de desánimo. Algunos pacientes describen dificultad para encontrar palabras, lentitud en el pensamiento o problemas de concentración. Esta especie de “niebla mental” no siempre desaparece cuando termina el dolor, y puede prolongarse durante horas o días.
También son habituales los mareos, la intolerancia a la luz y al ruido, así como un cansancio intenso que limita la actividad diaria. El cerebro de las personas con migraña es especialmente sensible a estímulos sensoriales, lo que explica por qué situaciones normales pueden volverse insoportables durante una crisis.
Estas alteraciones están relacionadas con cambios en neurotransmisores como la dopamina o la serotonina. Cuando el control de la enfermedad mejora, muchos de estos síntomas también disminuyen.
La migraña no solo afecta al sistema nervioso central. También puede tener repercusiones en el aparato digestivo. Dolor abdominal, digestiones pesadas o alteraciones del ritmo intestinal son síntomas que algunos pacientes experimentan con frecuencia. En muchos casos, existe relación con el síndrome de intestino irritable o con cambios en la microbiota intestinal.
Todo esto demuestra que la migraña es una enfermedad compleja y sistémica. Cuando las crisis son frecuentes y no están bien controladas, se genera lo que los especialistas denominan carga interictal: un impacto constante en la calidad de vida incluso entre episodios.
Por eso es fundamental reconocer todos los síntomas asociados y no centrarse únicamente en el dolor de cabeza. Un abordaje integral, con tratamiento preventivo y estrategias adecuadas, puede reducir la frecuencia e intensidad de las crisis y mejorar notablemente el bienestar.
Escuchar al cuerpo, consultar con profesionales y entender que la migraña es mucho más que un simple dolor es clave para recuperar el equilibrio y minimizar su impacto en la vida diaria.