Moverse cada día y beber suficiente agua ayuda a las personas mayores a seguir siendo independientes

23 de febrero de 2026
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Ejercicio Físico I Freepik

La constancia en pequeños hábitos diarios como la actividad física y una buena hidratación marca la diferencia entre depender de otros o mantener la autonomía en la vejez

Envejecer no significa renunciar a la autonomía. Al contrario. Cada vez más especialistas insisten en que la calidad de vida en la tercera edad no se mide solo por la ausencia de enfermedades, sino por algo mucho más valioso: la capacidad de valerse por uno mismo. Poder levantarse sin ayuda, salir a pasear, tomar decisiones con claridad o disfrutar de las actividades cotidianas depende, en gran parte, de dos hábitos sencillos pero poderosos: el movimiento diario y una hidratación adecuada.

Mantener lo que los expertos denominan “capacidad intrínseca” —la suma de nuestras habilidades físicas y mentales— es el verdadero objetivo del envejecimiento saludable. Y aunque la genética pueda influir en la aparición de ciertas patologías, el funcionamiento del cuerpo sí está, en gran medida, en nuestras manos.

El poder del movimiento diario

No se trata únicamente de apuntarse a un gimnasio. La clave está en evitar el sedentarismo. Caminar, subir escaleras, hacer tareas domésticas o levantarse con frecuencia a lo largo del día ya marca una diferencia. Esa actividad constante mantiene el cuerpo en funcionamiento y evita el deterioro progresivo asociado a la inactividad.

Ahora bien, además de mantenerse activo, el ejercicio físico programado aporta un beneficio extra. Practicar actividades estructuradas, adaptadas a la edad y condición física, genera adaptaciones biológicas más profundas: mejora la resistencia cardiovascular, fortalece los músculos y protege las articulaciones.

Especial importancia tiene el entrenamiento de fuerza. Con el paso de los años, especialmente a partir de los 50 o 60, se pierde masa muscular y potencia. Este proceso, conocido como sarcopenia, puede limitar seriamente la autonomía si no se combate. Incorporar ejercicios sencillos con pesas ligeras, bandas elásticas o el propio peso corporal ayuda a conservar la fuerza necesaria para realizar actividades básicas con seguridad.

Moverse cada día no solo fortalece el cuerpo. También mejora el estado de ánimo, reduce el riesgo de caídas y favorece la salud cognitiva. Es, en definitiva, una inversión directa en independencia.

La hidratación: un pilar silencioso de la autonomía

Tan importante como el movimiento es algo que muchas veces se descuida: beber suficiente agua. Con la edad, la sensación de sed disminuye, lo que aumenta el riesgo de deshidratación sin que la persona sea plenamente consciente.

Una pérdida leve de líquidos puede afectar a la capacidad física y mental. Aparecen fatiga temprana, mareos, sequedad bucal o dificultad para concentrarse. Incluso el tiempo de reacción y la toma de decisiones pueden verse alterados, lo que incrementa el riesgo de accidentes domésticos.

El agua suele ser la mejor opción para mantenerse hidratado. En casos de actividad más intensa o altas temperaturas, puede ser recomendable complementar con bebidas que aporten electrolitos. Además de sostener el rendimiento físico, una correcta hidratación ayuda a regular la temperatura corporal y a mantener en buen estado las funciones cognitivas.

Envejecer con autonomía no depende de grandes fórmulas milagrosas. Se construye con constancia y pequeños gestos diarios. Caminar un poco más. Hacer ejercicios de fuerza adaptados. Beber agua con regularidad. Acciones simples que, sumadas, permiten vivir más años, pero sobre todo, vivirlos con dignidad, energía y libertad.

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