La escritora francesa Laurence Debray pasó dos años en Abu Dabi junto a Juan Carlos I para ayudarle a redactar sus memorias, recogidas en Reconciliación. Ese tiempo, asegura, le permitió conocer a “un hombre con un gran sentido del deber”, preocupado por no incomodar a su hijo, Felipe VI, y consciente de los errores cometidos durante su vida.
El proceso de escritura fue “largo” porque el emérito quería que el libro reflejara exactamente “su voz”. Durante meses mantuvieron largas conversaciones que luego ella redactaba y que él revisaba hasta sentirse “totalmente cómodo con el resultado”. El objetivo era ofrecer un testimonio personal, no un ajuste de cuentas.
La obra, publicada en Francia en noviembre y después en España por Editorial Planeta, es un compendio de “memorias” y “recuerdos”, ya que no tuvo acceso a los archivos del Palacio de la Zarzuela. Aun así, en ocasiones contrastaron fechas y contextos con personas cercanas para asegurar el rigor del relato.
Desde el inicio ambos tuvieron claro que el libro debía abarcar toda su vida. “Él quería hablar de su infancia y de su familia”, explica Debray, para mostrar “el hombre detrás del rey”. La autora subraya que no rehuyó los aspectos polémicos: “Es asumirlo todo” y “reconoce sus errores”, sostiene.
Sin embargo, rechaza que la obra sea una respuesta a la polémica española. El propio Juan Carlos I quería dirigirse “a los jóvenes españoles y del mundo” y “dejar un testimonio” para el futuro. “Tenéis que entender que este libro no está dedicado a los españoles”, afirma, sino que aspira a ser “un libro para la historia con ‘h’ mayúscula”.
En ese contexto, Debray resta importancia a la ausencia de detalles sobre relaciones extramatrimoniales y se centra en los grandes hitos: la relación con Franco, la Transición o la Constitución. Cuando se le pregunta si el emérito debería disculparse, como han reclamado voces políticas como Pedro Sánchez, responde tajante: “¿Pero disculpas para qué?”. Y añade: “Piden al rey cosas que ni siquiera se aplican a ellos mismos”.
Sobre su vida en Emiratos Árabes Unidos, describe a un hombre de 88 años que vive “muy aislado”, pero que asume el exilio como un sacrificio necesario: considera que es “mejor así para la Corona”. Está pendiente “de no molestar a su hijo” y de “fortalecer la institución”, incluso a costa de su cercanía con su familia y con la princesa Leonor.
Debray asegura que el libro es “muy honesto”, escrito “a corazón abierto” y sin pretender ser “políticamente correcto”. Confiesa que su imagen previa del monarca —“más maquiavélico” y aferrado al poder— “se derrumbó totalmente” tras el trabajo conjunto. En su lugar encontró a un hombre “meticuloso, serio y trabajador”, decidido a cerrar su versión definitiva de la historia.