A nadie puede extrañarle que, también hoy, siga siendo poderoso caballero don dinero. Los sobres mandan y, a la medida de su grosor, pueden decir los bienpagados que sólo hay oasis donde únicamente brilla la miseria, sin el menor alboroto en el gesto. Y este razonamiento tan sencillo es válido para todas aquellas personas que dependen sustancialmente de quien les costean la vida. Los sobresueldos, casi siempre, son añadiduras que tiranizan el conocimiento de la verdad.
Según las diferentes cadenas de televisión se sabe de qué van a informar y cómo. Algunos tertulianos colocan sobre la mesa del reparto vasijas con miel para cuando haya que edulcorar las desventuras o, de cúrcuma, si nadie pagó para defenderlas.
Descaradamente se destina más publicidad oficial a aquellos medios afines o compadres que les sobran motivos para ser compensados. Incluso en la narración de los partidos de fútbol: conozco a un amigo que le quita voz al canal cuando juegan determinados clubes y escucha la trasmisión desde una emisora de radio.
…Y es que los pelotas y las pelotas están en los mejores campos.