La ciudad de Cuenca ha amanecido pendiente del río. El Júcar ha registrado una subida notable de su caudal durante la noche, alcanzando los 254 metros cúbicos por segundo, una cifra que supera ampliamente el umbral de 200 m³/s que marca el nivel rojo de alerta.
Los datos proceden del sistema automático de control hidrológico, que monitoriza de forma constante la evolución del río. El incremento ha sido rápido y sostenido, lo que ha obligado a reforzar la vigilancia en las zonas más próximas al cauce. La activación del nivel rojo implica riesgo elevado de desbordamientos en áreas bajas y obliga a extremar las precauciones.
Ante esta situación, el Ayuntamiento ha cerrado todos los accesos al río. También permanece clausurada la zona del Recreo Peral y otros parajes cercanos como el Royo. Las autoridades insisten en que la ciudadanía respete la señalización y las restricciones, ya que acercarse al cauce en estas condiciones puede resultar peligroso.
El agua baja con fuerza, turbia y cargada de arrastres. El sonido del río ha cambiado. Donde antes había calma, ahora domina la corriente. Muchos vecinos se han acercado con prudencia para observar la crecida desde puntos seguros, conscientes de que el Júcar forma parte de la identidad de la ciudad, pero también de su capacidad imprevisible.
La crecida coincide con la celebración del tradicional Jueves Lardero, una jornada festiva muy arraigada en Cuenca. Habitualmente, muchas familias aprovechan el día para reunirse en entornos naturales cercanos al río. Este año, sin embargo, la prioridad es la seguridad.
Las autoridades han recordado que no se debe acceder a zonas cerradas ni cruzar caminos inundables. Aunque la previsión meteorológica apunta a una ligera tregua en las lluvias durante la jornada, el volumen acumulado en las últimas horas sigue teniendo impacto en el caudal. La estabilidad no será inmediata.
Los servicios municipales y los cuerpos de emergencia mantienen la vigilancia activa. Supervisan el comportamiento del río y revisan puntos sensibles ante posibles desbordamientos. La coordinación entre administraciones resulta clave en momentos como este.
El nivel rojo no significa necesariamente que el desbordamiento sea inminente, pero sí indica una situación de riesgo elevado. Por eso, la prudencia se convierte en la mejor aliada.
Cuenca observa al Júcar con respeto. La ciudad sabe convivir con su río, pero también entiende que la naturaleza marca sus propios tiempos. Mientras el caudal se mantiene por encima del umbral crítico, la consigna es clara: prevención, responsabilidad y atención constante a la evolución de los datos oficiales.