Zanahorias, pescado azul y frutos secos: aliados clave para mejorar la salud ocular

12 de febrero de 2026
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Zanahorias I Freepik

Una alimentación equilibrada y rica en antioxidantes y omega-3 puede convertirse en la mejor aliada para proteger tu visión a largo plazo

Cuidar la vista no depende solo de usar gafas adecuadas o descansar frente a las pantallas. La alimentación juega un papel mucho más importante de lo que solemos imaginar. Incluir ciertos alimentos en nuestra dieta diaria puede ayudar a proteger las estructuras del ojo y a mantener una buena salud visual a lo largo del tiempo.

Entre los nutrientes más relevantes para la vista destacan la vitamina A, C y E, el zinc, los ácidos grasos omega-3, así como la luteína y la zeaxantina. Estos compuestos contribuyen a proteger la retina, combatir el daño oxidativo y mantener el correcto funcionamiento ocular. No se trata de soluciones milagrosas, pero sí de aliados que pueden reducir el riesgo de desarrollar determinadas afecciones visuales.

La zanahoria es probablemente el alimento más popular cuando hablamos de vista. Su riqueza en vitamina A favorece el buen estado de la retina y resulta especialmente importante para la visión nocturna. Además, aporta antioxidantes que ayudan a preservar la salud ocular con el paso de los años.

El pescado azul —como el salmón, las sardinas o el atún— es otra pieza clave. Su contenido en omega-3 contribuye al correcto funcionamiento de la retina y puede ayudar a prevenir la sequedad ocular, un problema cada vez más frecuente debido al uso intensivo de dispositivos electrónicos.

Los frutos secos, como nueces o almendras, destacan por su aporte de vitamina E, que protege las células del ojo frente al daño provocado por los radicales libres. Incorporarlos como tentempié saludable es una forma sencilla de cuidar la vista sin grandes cambios en la rutina.

Más allá de tres alimentos: equilibrio y prevención

Aunque zanahorias, pescado azul y frutos secos sean protagonistas, no están solos. Los cítricos y frutas como las fresas aportan vitamina C, esencial para proteger los vasos sanguíneos del ojo y mantener la salud de la córnea. Las verduras de hoja verde —espinacas, acelgas o brócoli— son auténticos tesoros nutricionales gracias a su contenido en luteína y zeaxantina, que actúan como un filtro natural frente a la luz azul.

La yema de huevo también suma beneficios al aportar estos mismos carotenoides, ayudando a proteger la mácula. Incluso alimentos como el pimiento rojo contribuyen con altas dosis de vitamina C. La clave está en la variedad y el equilibrio.

Por el contrario, una dieta rica en productos ultraprocesados, grasas trans, exceso de alcohol o azúcares refinados puede afectar negativamente a la salud general y, a largo plazo, repercutir también en la vista. Los hábitos mantenidos durante años marcan la diferencia.

Eso sí, conviene recordar que ningún alimento, por saludable que sea, sustituye las revisiones periódicas. La prevención sigue siendo fundamental. Combinar una dieta equilibrada con controles oftalmológicos regulares es la mejor fórmula para proteger algo tan valioso como nuestra visión. Porque ver bien no es cuestión de suerte, sino de cuidado constante.

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