Bad Bunny volvió a convertir los Grammy en algo más que música. El artista puertorriqueño se llevó este domingo el premio al Mejor Álbum de Música Urbana por Debí tirar más fotos (DtMf) y aprovechó el escenario para lanzar un mensaje político directo contra las políticas migratorias de Estados Unidos.
Nada más recoger el galardón, el cantante sorprendió con una frase tajante: “ICE, fuera”. En referencia al Servicio de Control de Aduanas e Inmigración, denunció las redadas recientes y defendió la dignidad de la comunidad latina. “No somos salvajes, no somos animales, somos seres humanos y somos estadounidenses”, proclamó ante un auditorio que respondió con una larga ovación.
El discurso continuó con un alegato contra el odio y la polarización. “El odio se vuelve más poderoso con más odio. Lo único más poderoso que el odio es el amor. Por eso tenemos que ser diferentes”, afirmó.
A sus 31 años, Bad Bunny sumó así su cuarto Grammy y consolidó una noche destacada, ya que también se llevó otra estatuilla por Mejor Interpretación de Música Global con EoO. Además, competía en algunas de las categorías principales, como grabación y canción del año, con un repertorio íntegramente en español.
La gala también dejó más protagonismo latino. Natalia Lafourcade ganó el premio a Mejor Álbum de Pop Latino con Cancionera; Gloria Estefan se impuso en el apartado tropical con Raíces; y el dúo argentino Ca7riel y Paco Amoroso fue reconocido en rock o alternativo latino con Papota.
Más allá de los premios, la edición estuvo marcada por mensajes sociales. La británica Olivia Dean, al recoger el Grammy a Mejor Artista Revelación, reivindicó el legado migrante de su familia y defendió el papel de las minorías.
Pero fue Bad Bunny quien acaparó el foco, combinando éxito musical y reivindicación política en una intervención que volvió a demostrar su peso cultural más allá de los escenarios.