La Champions League volvió a recordar que la historia pesa, pero no juega sola. En una noche marcada por la lluvia, la intensidad y los errores propios, el Real Madrid cayó por 4-2 ante el SL Benfica y se quedó fuera del ansiado ‘Top 8’ de la fase de liga. Da Luz, escenario de recuerdos gloriosos, se convirtió esta vez en un lugar incómodo, hostil y exigente, donde los blancos no supieron responder al ritmo que pedía el partido.
El encuentro empezó igualado, condicionado por un aguacero constante que dificultaba la circulación del balón. El Benfica, empujado por su gente, avisó pronto y obligó a Thibaut Courtois a intervenir con paradas de mucho mérito. El Real Madrid, sin embargo, volvió a encomendarse a su pegada. En su primer disparo claro, Kylian Mbappé adelantó a los blancos demostrando que, incluso en las noches grises, su talento aparece.
Pero fue un espejismo. El conjunto portugués, más agresivo, más valiente y con mayor ritmo, encontró demasiadas facilidades por las bandas y castigó una defensa madridista blanda. Antes del descanso, el Benfica ya había remontado, reflejando en el marcador lo que se veía sobre el césped: un equipo local convencido y un Real Madrid superado en intensidad. Ni las intervenciones de Courtois ni los destellos aislados evitaron que los blancos llegaran al intermedio con sensaciones preocupantes.
La segunda parte mantuvo el mismo guion. El Real Madrid dominó la posesión, pero sin profundidad ni claridad. Vinícius lo intentó, Bellingham empujó, pero todo resultaba forzado. El Benfica, ordenado y certero, volvió a golpear en transición y amplió su ventaja. Solo Mbappé parecía realmente conectado al partido. Su segundo gol, definido con una calidad extraordinaria, devolvió la esperanza y metió a los blancos de nuevo en la pelea.
A partir de ahí, el duelo se rompió. Hubo espacios, carreras y ocasiones en ambas áreas. Pero el cansancio, la falta de precisión y los errores defensivos acabaron pasando factura. El Real Madrid tiró más de épica que de fútbol, y Lisboa no perdona eso. En el descuento, con el equipo partido y una expulsión que simbolizó la frustración final, llegó el golpe definitivo.
La derrota no borra el escudo ni la historia, pero sí deja un mensaje claro: en esta Champions, el Real Madrid deberá pasar por los playoffs. Una penitencia inesperada que obliga a reflexionar, ajustar y recordar que, incluso para el rey de Europa, nada está garantizado.