‘La cárcel del siglo XXI que vive el preso’. Reseñas de libros 03.4. ‘ANDAR 1 KM EN LINEA RECTA’
El capítulo 2 del estudio se titula: ‘Reinserción y tratamiento’. Y para mí es el corazón del estudio, es el resultado de una macroencuesta a nivel penitenciario que, junto con las entrevistas personales realizadas, tanto a presos como a personal de Instituciones Penitenciarias y la propia experiencia de los profesores, dan una pátina de realidad a lo que nadie quiere saber, a lo que no le importa a ninguno de los operadores de la justicia, salvo al propio preso: lo que de verdad sucede en la cárcel, para lo que de verdad sirve la cárcel.
Así podemos ver que la Ley Orgánica General Penitenciaria se diseñó en base a lo que otros países ya tenían establecido de antemano, poniendo como principal misión de la cárcel, la resocialización y la reeducación, cuando el resto de los países ya estaban cuestionando ese sistema, no porque no funcionara, ya que ninguno había hecho un esfuerzo para que así fuera, sino porque es un sistema muy caro y ningún político está dispuesto a inyectar dinero en algo que no genera votos de manera directa, y que incluso puede hacer que los pierda.
Y así se refleja claramente en el estudio cuando se dice: «Por otro lado, una política resocializadora seria exigiría, aparte de la implicación y cooperación de toda la sociedad, una apuesta decidida del Estado acompañada de las necesarias dotaciones presupuestarias e inversiones importantes en medios y personal técnico cualificado que permitiera implantar programas diferenciados mínimamente eficaces. Pero no resulta pensable que estas condiciones puedan llegar a darse en los tiempos actuales.»
¿Implicación y cooperación de toda la sociedad? ¿De esos que claman justicia cuando lo que quieren decir es venganza? ¿De esos que golpean el furgón policial de un ‘presunto’ culpable, pidiendo que se lo dejen a la horda enfurecida unos minutos? ¿De esos a los que se les llena la boca de ‘derechos humanos’, pero sólo para las víctimas, pero dejando sin derecho alguno al victimario?
¿Una apuesta decidida del Estado acompañada de dotaciones presupuestarias e inversiones? ¿Qué partido político se va a arriesgar a perder votos inyectando dinero para los presos, cuando cada vez que sale una noticia de una cárcel se toma en consideración tan solo que los presos viven como en un hotel o en un spa? Si se compran televisores, mal. Si se les pone piscina, peor. Si tienen actividades, mal. Si estudian, peor.
Y después se quejan cuando sale alguno después de 20 años encerrado y viola y mata a una mujer, a un niño o al primero que se le cruza. Nadie va a hacer nada, ni los jueces, ni los fiscales, ni los políticos y mucho menos la sociedad. Y así terminan diciendo los autores de este estudio lo siguiente:
«En todo caso, la pena de prisión necesita humanizarse lo más posible debiéndose cumplir en condiciones de vida dignas para los internos y respetuosas con aquellos derechos constitucionales que no queden afectados por la condena. Y se ha de procurar que el interno al menos no salga de la prisión más desocializado de lo que entró para tratar de incorporarlo pacíficamente a la sociedad.»
Porque, aunque le pese a alguno de los que hacen comentarios a mis artículos sobre los derechos de las víctimas, sobre todo de las fallecidas, las bestias que las han matado siguen siendo personas y propietarios de ciertos derechos que no se les pueden restringir, aunque alguno les quitaría todos. Y que conste que yo soy partidario de la pena de muerte.
El apartado segundo de este capítulo nos habla del concepto de tratamiento en la LOGP. Que como he repetido mil veces y no me cansaré de hacerlo, son palabras vacías de contenido, buenas intenciones para enseñar lo progres que somos en las instituciones supranacionales, pero que no llevan ningún ánimo, ninguna intención de que se cumplan.
De hecho, esa ley nació muerta a pesar de haberse aprobado por casi unanimidad, (faltaron dos votos) del Congreso de los Diputados, pero como dice D. Francisco Bueno Arús, en el Prólogo a la segunda edición de los comentarios, jurisprudencia, concordancias y doctrina de la Ley General Penitenciaria de la editorial COLEX del 2010:
«La LOGP inició su andadura en medio, pues, de clamores de adhesión. Y sin que el Parlamento exigiera perentoriamente -como ha hecho en ocasiones semejantes- la unión al Proyecto de Ley de un estudio económico que pretendiera garantizar la posibilidad real y jurídica de disponer de un plan de arquitectura penitenciaria que permitiera cubrir sin agobios la primera parte de la reforma penitenciaria pendiente, y de un plan de adquisición de medios y de selección de funcionarios que garantizara igualmente que el tratamiento no se iba a quedar en letra muerta.
El estudio económico no existía y la reforma se fue produciendo poco a poco, con la característica parsimonia de nuestros paisanos que, con un esfuerzo que seguramente no hubieran realizado para más elevadas empresas, aguantaron el tipo en la defensa de la norma y de la promulgación urgente de las complementarias necesarias para su entrada en vigor.
La realidad es que en España, a pesar de lo que digan los elaboradores de normas penales, estas jamás han ido acompañadas de un estudio económico dirigido al Parlamento y sin embargo nadie ha repudiado la legitimidad, pero tampoco la oportunidad, de una Ley que no lleva bajo el brazo otro complemento que un racimo de buenos deseos o una estrofa recitada emotivamente. Así sucedió y así, previsiblemente, continuará sucediendo.»
Esta es, en síntesis la realidad de las cárceles españolas, dicho por los expertos en la materia y ratificado por la palabra de los propios presos. Por eso esta Ley se aprobó por aclamación entre aplausos y vítores. Todos los políticos, de todos los colores votaron a favor, y uno muy famoso dijo: «Por si algún día tenemos que volver a las prisiones.»
¡No caerá esa breva!
(Continuará)
Alfonso Pazos Fernández
Qué bonito
Otro interesante reportaje carcelario del señor Pazos. Enseña como deberían ser las cárceles y no lo son
Tengo un familiar preso y me cuenta que no se respeta la ley y que las cárceles no resocializan nada