Madrid guarda historias bajo tierra que explican su pasado y su forma de crecer. Algunas permanecen ocultas durante décadas. Otras vuelven a abrirse para dialogar con el presente. Ese es el caso del Túnel de Villanueva, que Patrimonio Nacional ha recuperado y puesto de nuevo al alcance de la ciudadanía. El resultado es un espacio que combina memoria histórica, arquitectura y experiencia urbana.
Ubicado en los jardines del Campo del Moro, este paso subterráneo conecta simbólicamente el Palacio Real de Madrid con la Casa de Campo. Durante años permaneció cerrado. Hoy vuelve a contar una historia poco conocida del Madrid del siglo XIX.
A comienzos del siglo XIX, José Bonaparte quiso disponer de un acceso discreto entre el Palacio y su residencia de descanso. Para hacerlo realidad recurrió a Juan de Villanueva, una figura clave del neoclasicismo español. El arquitecto diseñó un túnel funcional, sobrio y perfectamente integrado en el entorno.
La reciente rehabilitación ha permitido recuperar las proporciones originales del paso. El equipo técnico respetó el ancho y la altura originales, manteniendo la armonía del diseño. La intervención siguió un criterio claro: actuar lo justo y necesario.
Los trabajos se centraron en la limpieza de los muros de ladrillo, la restauración de la bóveda de cañón y el sellado de fisuras. También se renovaron los rejuntados con cal, un material coherente con la construcción original. Para facilitar la visita, se instaló una pasarela ligera que no altera la estructura ni la percepción del espacio.
La reapertura del Túnel de Villanueva supone mucho más que una restauración arquitectónica. Representa un gesto de apertura del patrimonio histórico a la ciudadanía. El acceso es libre y gratuito, dentro del horario de los jardines del Campo del Moro. El visitante puede recorrer el túnel y comprender su función original desde dentro.
Este paso forma parte de un sistema mayor que incluía el Puente del Rey, concebido como conexión directa con la Casa de Campo. Hoy ese recorrido no está completo. Sin embargo, existen planes para habilitar el acceso al otro extremo en los próximos años.
Cuando ese proyecto se materialice, el túnel recuperará plenamente su sentido urbano y paisajístico. Arquitectura, naturaleza y ciudad volverán a encontrarse. La intervención, financiada con fondos europeos, demuestra que cuidar el patrimonio también significa integrarlo en la vida cotidiana.
Madrid gana así un espacio para caminar su historia, entenderla y mirarla desde otra perspectiva. Bajo tierra, pero muy viva.