El sueño de revalidar el título europeo se rompió para la selección española masculina de waterpolo en una noche tan intensa como cruel. España cayó ante Hungría en la tanda de penaltis, tras empatar un partido lleno de altibajos, emociones y momentos de auténtica épica. El desenlace dejó a los de David Martín fuera de la lucha por las medallas y condenados a disputar los puestos secundarios del torneo.
El encuentro fue un ejercicio constante de resiliencia. España pasó muchos minutos a remolque, chocando una y otra vez con un inspirado portero rival y desaprovechando acciones de superioridad que, en partidos de este nivel, suelen ser decisivas. Aun así, el equipo nunca perdió la fe. Cada vez que Hungría abría brecha, aparecía una respuesta española para mantener vivo el partido.
El primer tiempo fue un reflejo de esa lucha. España sufría para convertir, veía cómo se escapaban oportunidades claras y, pese a todo, conseguía llegar al descanso con el marcador equilibrado. Ni los penaltis fallados ni los balones a la madera lograron romper el espíritu competitivo de un grupo que se negaba a aceptar la derrota antes de tiempo.
La segunda mitad elevó todavía más la carga emocional. Hungría volvió a tomar ventaja, pero España respondió con carácter, intensidad defensiva y apariciones clave en los momentos decisivos. Cuando todo parecía perdido, con el reloj agotándose y la eliminación muy cerca, llegó la acción que simbolizó el orgullo del equipo: una vaselina imposible de Sergi Cabanas en el último segundo que forzó los penaltis y desató la esperanza.
Sin embargo, la tanda volvió a recordar una realidad dolorosa. Hungría, una vez más, fue el obstáculo insalvable. Su guardameta se convirtió en protagonista, deteniendo lanzamientos decisivos y dejando a España sin la recompensa que había merecido por actitud y entrega. No fue una derrota por falta de lucha, sino por pequeños detalles que, en la élite, marcan la frontera entre seguir soñando o despertar bruscamente, según Europa Press.
El resultado prolonga una estadística tan dura como simbólica: España sigue sin poder derrotar a Hungría en un Europeo. Dieciocho enfrentamientos, dieciocho derrotas. Una maldición deportiva que duele, pero que no borra el camino recorrido ni el nivel mostrado.
Ahora, el equipo español deberá centrarse en pelear por el quinto puesto, mientras Hungría avanza a semifinales. Queda la decepción, sí, pero también la certeza de que este grupo tiene talento, carácter y futuro. Porque incluso en la derrota, España volvió a demostrar que su waterpolo compite, emociona y nunca se rinde.