Carlos Alcaraz empezó su camino en el Abierto de Australia con una victoria convincente que refuerza sensaciones y despeja cualquier duda tras dos meses sin competir. El murciano superó en tres sets al australiano Adam Walton (6-3, 7-6(2), 6-2) en un partido exigente por momentos, pero bien gestionado de principio a fin.
No era un estreno cualquiera. Melbourne acoge el único Grand Slam que aún no figura en el palmarés del número uno del mundo, y eso añade una presión extra. Sin embargo, Alcaraz volvió a demostrar por qué lidera el ranking ATP: templanza, capacidad de adaptación y una madurez impropia de su edad. Ante un rival arropado por el público y con ganas de complicarle la noche, el español respondió con serenidad.
El primer set se resolvió con paciencia. Walton resistió varios juegos al resto, pero Alcaraz encontró el momento justo para romper y cerrar la manga con su servicio. En el segundo parcial llegaron más dificultades. El australiano se adelantó y obligó al murciano a remar, pero la reacción fue inmediata. El desenlace en el ‘tie-break’ dejó claro quién tenía el control emocional del partido.
En el tercer set, el español dio un paso más. Más agresivo desde el fondo de la pista, sólido con el saque y rápido en la toma de decisiones, Alcaraz desactivó cualquier intento de reacción de Walton. Dos roturas marcaron el camino hacia el cierre del partido tras algo más de dos horas de juego en la Rod Laver Arena.
Más allá del marcador, el estreno dejó lecturas positivas. Fue el primer partido oficial sin Juan Carlos Ferrero en el banquillo, con Samu López asumiendo un papel más visible, y la conexión funcionó. “Si quiere ritmo, tendrá ritmo”, se escuchó desde el box, una frase que refleja la confianza plena en el tenis del murciano, según Europa Press.
Con este triunfo, Alcaraz se cita en segunda ronda con el alemán Yannick Hanfmann, un rival menos mediático pero incómodo, que llega tras superar un duelo exigente. El objetivo está claro: seguir avanzando con paso firme y acercarse al sueño de completar los cuatro Grand Slam, un logro reservado a muy pocos en la Era Abierta.
Australia vuelve a poner a prueba a Carlos Alcaraz. El primer examen está superado. El camino es largo, pero las sensaciones invitan al optimismo.