El sorteo del Abierto de Australia ha dejado un escenario ilusionante para Carlos Alcaraz. El murciano ya conoce el camino que deberá recorrer si quiere levantar por primera vez el gran trofeo en Melbourne, un desafío mayúsculo que combina oportunidades, exigencia y un detalle clave: evitará a Novak Djokovic hasta una hipotética final.
El debut de Alcaraz será ante el australiano Adam Walton, un rival al que ya conoce y al que superó con solvencia la pasada temporada. Un primer partido que, sobre el papel, le permitirá entrar en ritmo y adaptarse a las condiciones de pista sin una presión excesiva. En un torneo largo y exigente, empezar con buenas sensaciones puede marcar la diferencia.
A partir de ahí, el camino irá elevando progresivamente su dificultad. Las primeras rondas presentan rivales competitivos, pero accesibles si el español mantiene su nivel habitual. El objetivo es claro: evitar sobresaltos y llegar a las rondas decisivas con energía, confianza y el menor desgaste posible.
En tercera ronda y octavos de final podrían aparecer nombres más conocidos, jugadores con talento y experiencia que obligarán a Alcaraz a ofrecer su mejor versión. Sin embargo, los precedentes juegan a su favor y refuerzan la sensación de que este cuadro es más amable que en ediciones anteriores, donde se encontró obstáculos de primer nivel demasiado pronto, según Europa Press.
El verdadero reto llegará a partir de los cuartos de final, una ronda que hasta ahora ha sido su techo en Melbourne. Superar esa barrera supondría romper una barrera psicológica y confirmar su evolución en superficies duras. Posibles cruces con jugadores locales o perfiles imprevisibles exigirán máxima concentración.
En semifinales, el nivel se dispara. Nombres como Alexander Zverev o Daniil Medvedev aparecen en el horizonte como amenazas reales, rivales contrastados en este torneo y con experiencia en partidos largos y físicos. Aquí, la capacidad de Alcaraz para gestionar los momentos clave será fundamental.
La gran noticia para el español es que, pase lo que pase, no se cruzará con Djokovic ni con Jannik Sinner hasta una hipotética final. Un detalle que alimenta la esperanza de ver a Alcaraz luchando por el título en el último día del torneo.
El Abierto de Australia representa una asignatura pendiente para Carlos Alcaraz. El talento está ahí. La ambición también. Ahora, el sorteo le ofrece una oportunidad real. El resto dependerá de su tenis, su físico y su capacidad para creer que, esta vez, Melbourne puede ser suyo.