El fútbol de Copa tiene algo especial. Escenarios llenos. Equipos que no se rinden y favoritos obligados a sufrir. Eso fue exactamente lo que vivió el FC Barcelona en El Sardinero, donde tuvo que trabajar mucho más de lo esperado para dejar fuera a un Racing de Santander que volvió a demostrar que compite como un equipo de Primera. El resultado fue un 0-2 engañoso. El partido, una auténtica prueba de madurez.
Desde el inicio quedó claro que el encuentro no iba a ser sencillo. El Racing salió intenso, valiente y con una presión alta que incomodó al Barça durante muchos minutos. El equipo azulgrana, con rotaciones y sin demasiada fluidez en el centro del campo, tuvo problemas para encontrar espacios y generar peligro real.
La primera parte fue cerrada, con pocas ocasiones claras y mucha disputa. El conjunto local supo cerrarse bien atrás y neutralizar las bandas, mientras el Barça movía el balón sin profundidad. La sensación de control no se traducía en ocasiones, y el marcador al descanso reflejaba un lógico empate sin goles.
Tras el paso por vestuarios, el equipo de Hansi Flick dio un paso adelante. Más ritmo, más movilidad y una actitud claramente ofensiva. Aun así, el Racing siguió resistiendo con orden y convencimiento, empujado por una afición que no dejó de creer. El partido se mantenía en el alambre, con cualquier detalle capaz de decidirlo.
Ese detalle llegó en el minuto 66. Un desmarque inteligente, un pase preciso y la definición de Ferran Torres, que volvió a demostrar que sabe aparecer en momentos importantes. El 0-1 dio tranquilidad, pero no cerró el encuentro. El Racing no bajó los brazos y siguió buscando el empate con fe y energía.
Ahí emergió otra figura clave: Joan García, decisivo bajo palos para sostener al Barça cuando más lo necesitaba. Sus intervenciones evitaron una prórroga que parecía cercana y mantuvieron la ventaja mínima hasta el final.
Ya en el tiempo añadido, con el Racing volcado y lamentando una ocasión clarísima, el Barça sentenció a la contra. Lamine Yamal, con talento y sangre fría, puso el 0-2 definitivo y cerró un partido tan exigente como valioso.
El Barça avanza a cuartos de final, sí. Pero lo hace con una lección aprendida: en la Copa del Rey no basta con el escudo. Hay que competir, sufrir y respetar a rivales que, como el Racing, venden muy cara su eliminación.