El Thyssen mira a 2026 con ambición, coherencia y una clara vocación de diálogo entre épocas, estilos y miradas. Su nueva programación expositiva, compuesta por once muestras, combina grandes nombres de la historia del arte con propuestas contemporáneas y lecturas críticas del presente. Un calendario que confirma al museo como un espacio vivo, atento tanto a los clásicos imprescindibles como a los discursos artísticos que interpelan a nuestro tiempo.
Uno de los ejes más potentes del año será el de las grandes exposiciones retrospectivas, dedicadas a artistas que han dejado una huella profunda en la historia del arte. Entre ellas destaca la muestra dedicada al danés Vilhelm Hammershøi, un creador de atmósferas íntimas y silenciosas cuya obra, escasa pero intensísima, invita a detenerse y mirar despacio. El recorrido por sus óleos y dibujos permitirá comprender cómo el vacío, la luz y la contención pueden ser profundamente expresivos.
El verano estará marcado por la presencia de Carmen Laffón, una de las grandes figuras del arte español contemporáneo. Su exposición ofrecerá un viaje por sus paisajes, bodegones y variaciones formales, donde la mirada serena y el vínculo con el territorio se convierten en lenguaje artístico. Una propuesta que conecta emoción, memoria y materia desde la sensibilidad más humana.
El cierre del año llegará de la mano de Salvador Dalí, con una exposición que se adentra en su relación con el pensamiento psicoanalítico. Lejos de los tópicos, la muestra propone una lectura profunda de su universo creativo, explorando cómo las ideas de Freud influyeron en su imaginario, su obra y su propia construcción como artista.
La programación de 2026 también reserva un lugar destacado al arte contemporáneo y a las nuevas narrativas. El año arrancará con una exposición dedicada a Robert Rauschenberg, coincidiendo con el centenario de su nacimiento. La instalación en torno a una de sus obras clave permitirá revisitar su legado desde una perspectiva actual, subrayando su capacidad para romper fronteras entre disciplinas.
Junto a estas grandes citas, el Thyssen refuerza su compromiso con la perspectiva de género, la diversidad cultural y la reflexión social. Artistas jóvenes, mujeres creadoras y propuestas que abordan temas como la guerra, la identidad o el espacio público convivirán en un programa equilibrado y valiente.
Especial mención merece el proyecto de intercambio con el Mauritshuis, que traerá a Madrid obras maestras del siglo XVII holandés, estableciendo un diálogo entre colecciones y demostrando que los museos también pueden construir relaciones basadas en la colaboración y el afecto cultural.
En conjunto, la programación de 2026 confirma que el Thyssen no solo expone arte: lo piensa, lo conecta y lo comparte, invitando al público a mirar el pasado y el presente con una curiosidad renovada.