Djokovic se sincera sobre el momento más duro de su carrera: «Llegué desde Serbia y dije en voz alta que iba a ser el número uno”

9 de enero de 2026
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El tenista serbio Novak Djokovic durante el US Open / Fuente: Europa Press

Con el paso del tiempo, el tenista entendió que tratar de encajar a cualquier precio no era sostenible ni honesto consigo mismo

Novak Djokovic, uno de los tenistas más exitosos de todos los tiempos, ha vuelto la vista atrás para hablar con franqueza de sus inicios en el circuito profesional, cuando irrumpió en 2003 en un ecosistema que, según él mismo reconoce, no estaba preparado —ni dispuesto— a aceptarlo. El serbio confesó que durante sus primeros años se sintió completamente “fuera de lugar”, como alguien que había llegado donde no era bienvenido.

“Me sentí como un invitado no deseado que se coló en su fiesta”, relató Djokovic en el podcast (Ne)uspjeh prvaka. A su juicio, gran parte del sistema del tenis reaccionó con recelo a su aparición: “A todo el sistema no le gustó mi llegada: medios de comunicación, patrocinadores, torneos…”. El entonces joven jugador irrumpió en la era dominada por Roger Federer y Rafa Nadal, dos figuras consolidadas procedentes de lo que él define como “potencias occidentales”.

Djokovic no ocultó que su origen y su actitud influyeron en esa percepción. “Llegué desde Serbia y dije en voz alta que iba a ser el número uno”, explicó, subrayando que su ambición no encajó en un contexto ya marcado por la rivalidad Federer-Nadal. Esa franqueza, lejos de abrirle puertas, le hizo sentirse aún más aislado.

«Me dolió mucho»

El impacto emocional de ese rechazo fue profundo. “Me dolió mucho”, reconoció el ganador de 24 títulos de Grand Slam, hasta el punto de intentar adaptarse a lo que se esperaba de él: “Querían que siguiera su ritmo y que fuera políticamente correcto… me dolió tanto que cambié incluso mi comportamiento con la esperanza de que me aceptaran”.

Con el paso del tiempo, sin embargo, Djokovic asegura que aprendió una lección clave. Entendió que tratar de encajar a cualquier precio no era sostenible ni honesto consigo mismo. “Al final, comprendí que tenía que ser fiel a mí mismo”, afirmó, aceptando que no puede gustar a todo el mundo.

Hoy, ya consagrado como una de las mayores leyendas del tenis, el serbio mira atrás con serenidad. “Eso está bien… yo soy quien soy y duermo tranquilo todas las noches”, concluyó Djokovic, reivindicando una identidad que, aunque incómoda para algunos al principio, terminó marcando una era en la historia del deporte.

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