La idea de que Estados Unidos se haga con Groenlandia ha dejado de ser una ocurrencia aislada de Donald Trump para convertirse en una aspiración política explícita. El presidente ha asegurado que su Gobierno estudia distintas vías para controlar la isla, incluida incluso la posibilidad de recurrir a las Fuerzas Armadas, pese a que Groenlandia pertenece a Dinamarca desde hace más de seis siglos.
Según fuentes citadas por la cadena CBS, entre las opciones que maneja la Casa Blanca siguen figurando la compra directa del territorio o la firma de un acuerdo de libre asociación. Trump pretende cerrar esta cuestión antes de que termine su mandato, reactivando una idea que ya defendió durante su primera presidencia.
La posible anexión plantea enormes incógnitas legales y políticas. El derecho internacional actual no contempla mecanismos claros para la compra de territorios, lo que obligaría a complejos procesos de debate y votación en Estados Unidos, Dinamarca, Groenlandia e incluso en la Unión Europea.
Aunque imaginar a Groenlandia —la isla más grande del mundo y rica en petróleo, gas y minerales— como parte de Estados Unidos parece un ejercicio teórico, la pregunta sobre su precio resulta inevitable. Sin embargo, poner valor a un territorio implica considerar múltiples factores, desde sus recursos naturales y posición estratégica hasta la disposición de las partes a negociar.
El precedente histórico más citado es la compra de Alaska en 1867, cuando Estados Unidos pagó 7,2 millones de dólares a Rusia. Ajustada a la inflación, esa cifra equivaldría hoy a unos 125 millones de dólares, muy por debajo del valor real que posteriormente demostró tener el territorio.
Estados Unidos ya intentó adquirir Groenlandia en 1946, ofreciendo a Dinamarca 100 millones de dólares en oro, lo que hoy equivaldría a unos 1.300 millones. Esa cantidad queda muy lejos de una valoración actual razonable, teniendo en cuenta que el PIB de Groenlandia supera los 3.200 millones de dólares.
Una vía alternativa sería la independencia de Groenlandia y su posterior asociación o integración en Estados Unidos. No obstante, aunque la isla cuenta con un amplio autogobierno, sus 59.000 habitantes nunca han votado por separarse de Dinamarca. Los expertos coinciden en que difícilmente apoyarían una independencia que redujera su nivel de vida o supusiera cambiar a Dinamarca por “un nuevo amo colonial”.