Feijóo aplica a Trump la doctrina de Aznar, que apoyó al golpe de Estado fallido contra Chávez en 2002

8 de enero de 2026
5 minutos de lectura
Feijóo

Los que creen de buena fe que el ĺider del PP carece de política exterior pueden conocer aquí en detalle qué paso del 11 al 14 de abril de 2002 durante el golpe de Estado contra el presidente Chávez.

El respaldo de Alberto Nuñez Feijóo a la intervención política y militar de Estados Unidos en Venezuela ¿es el reflejo, según sostienen analistas, con su mejor intención, de la ausencia de una visión de política exterior del líder del PP?

Vamos, ¿sería el resultado de un agujero programático del PP?

La política exterior de Feijóo ha consistido en respaldar al gobierno de Javier Milei en Argentina, desde su triunfo, un presidente que ha logrado sobrevivir en las últimas elecciones legislativas de octubre de 2024 gracias a la campaña de Trump, que prometió una ayuda financiera de 20.000 millones de dólares si la gente le votaba.

Trump lo consiguió y Milei sigue en la Casa Rosada.

Y ahora, también en América Latina, Feijóo ha respaldado la “liberación” de Venezuela como resultado de la intervención política y militar de la Administración Trump.

Una intervención que ha supuesto, por lo menos hasta el momento, inaugurar, con el nombramiento de la presidenta encargada Delcy Rodríguez un Madurismo sin Maduro.

Por supuesto, el desenlace que esperaban Feijóo, José María Aznar y el PP era otro, a saber, que la premio Nobel Marina Corina Machado -que pidió a Trump el golpe de Estado- entrase triunfal en Caracas quizá a bordo de uno de los 150 helicópteros que en la madrugada del sábado 3 de enero dd 2026 sobrevolaron diferentes ciudades de Venezuela.

Pero Trump, pragmático, ya había pactado la sucesión de Maduro para después de su secuestro: Delcy Rodríguez.

Feijóo se creía a punto de rentabilizar su propaganda política de años a favor de Machado cuando nada menos que Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, le arrebataron el trofeo. Tampoco esperaban la descalificación a Machado por “carecer de respeto y respaldo político” en Venezueia, según Trump.

Este revés llevó a la Faes, la fundación de Aznar, a descubrir la palabra colonia. Apoya la intervención armada de EEUU, pero no para convertir a Venezuela en protectorado o colonia americana.

Hay un punto en común entre lo que le pasó al entonces presidente Aznar y al gobierno del PP, en abril de 2002, y lo que le ha pasado a Feijóó y al PP en la oposición en 2026.

Aznar, ansioso por apuntarse a la aparente victoria del golpe contra Chávez, estuvo en la primera línea de respaldo del golpe del 11 de abril de 2002 junto al presidente George W. Bush.

El 23 de noviembre de 2004, Miguel Ángel Cortés, entonces secretario de Estado de Cooperación con Iberoámerica del gobierno de Aznar, me explicó: “El embajador Manuel Viturro siguió las instrucciones que le transmitimos desde Madrid y junto con el embajador de Estados Unidos en Caracas acudió a reunirse con el flamante presidente provisional Carlos Carmona el 13 de abril de 2002. Ambos expresaron el deseo de que la situación se resolviera con una normalización democrática y hubiera un cese de la violencia”.

Cortés resultó muy transparente en aquella conversación que tuvimos: “Yo mismo mantuve cinco o seis conversaciones el mismo 12 de abril con el subsecretario para el Hemisferio Occidental en el Departamento de Estado, Otto Reich. en las cuales elaboramos una declaración conjunta Estados Unidos-España sobre la situación”, recordó.

Según esa declaración “los gobiernos de Estados Unidos y España, en el marco del diálogo político reforzado, siguen los acontecimientos que se desarrollan en Venezuela con gran interés y preocupación, y en contacto continuo. Los dos gobiernos expresan su deseo de que la excepcional situación que experimenta Venezuela conduzca en el plazo más breve a la normalización democrática plena y sirva para lograr un consenso nacional y la garantía de los derechos y libertades fundamentales; urgen a la OEA a ayudar a Venezuela en consolidar sus instituciones democráticas”.

El diagnóstico que hicieron Otto Reich, en Washington, y Miguel Ángel Cortés, en Madrid, “en constante contacto continuo”, según dice el texto y me confirmó Cortés , partió del hecho de que el golpe de Estado estaba consumado.

Por tanto, ambos evitaron cualquier condena de la asonada, dando por hecho la apertura de una nueva situación.

El presidente Chávez fue secuestrado primero en la base de Fuerte Tiuna y más tarde “retenido” en la isla de la Orchila, a 160 kilómetros de Caracas.

Ni Exteriores en Madrid ni la embajada en Caracas condenaron el golpe de Estado y enfatizaron, en cambio, la presión democrática sobre el nuevo presidente, emergente del golpe.

El embajador Viturro y el embajador norteamericano en Caracas Schapiro acudieron al Palacio de Miraflores para hablar con el presidente golpista, el dirigente de los empresarios Carmona.

Pero, es más, el 12 de abril de 2002, el gobierno español, al que correspondía la presidencia rotatoria de la Unión Europea, emitió un comunicado según el cual, la UE confía que el “gobierno provisional” -hasta ese momento era la “junta cívico-militar”- “respetará los valores e instituciones democráticas con el objetivo de superar la actual crisis en un marco de concordia nacional y respetando plenamente los derechos y libertades fundamentales”.

Y, en la tarde del 12 de abril, Aznar habló por teléfono con el presidente golpista.

El político venezolano Eduardo Fernández, con quien hablé el 1 de diciembre de 2004, me explicó cómo se produjo la comunicación.

“Yo hablaba desde un teléfono móvil. La comunicación se cortó varias veces. La secretaria de Aznar me hizo llamar al teléfono. Y después, Aznar habló con Carmona”.

Fernández era presidente de la Fundación Popular Iberoamericana, vinculada a FAES – la fundación del Partido Popular-, desde 1993, y más tarde vicepresidente de la Democracia Cristiana.

Fernández era presidente de la Fundación Popular Iberoamericana, vinculada a FAES – la fundación del Partido Popular-, desde 1993, y más tarde vicepresidente de la Democracia Cristiana.

Fernández me narró que, tras conocer la noche del 11 de abril de 2002 que el presidente Chávez había renunciado, se dirigió al palacio de Miraflores, sede de la presidencia.

Allí, al conocer más detalles sobre la crisis, decidió llamar a José María Aznar, de quien se considera amigo, y quien propuso su designación como presidente de la Fundación Popular Iberoamericana.

“Consideré que debía hablar con Aznar, y le informé de la situación. Eso ocurrió sobre las nueve o diez de la mañana del 12 de abril. Llamé al palacio de la Moncloa. Me atendió la secretaria del señor Aznar y poco después se puso él al teléfono. Le explique que Chávez había presentado su renuncia. Él me dijo que la crisis debía resolverse con métodos democráticos”, dijo Fernández.

El testimonio de Fernández permite deducir que en aquellas horas del 12 de abril de 2002, Carmona ni siquiera era una “autoridad de hecho”. Era la cabeza civil del golpe militar cuya aspiración, como luego ocurrió, era hacerse con el poder y jurar como “presidente provisional” de una junta cívico-militar.

En enero de 2026, Feijóo se apuntó a la intervención de EEUU en Venezuela con la esperanza de que al compás de la caída de Maduro, la suerte de Pedro Sánchez y de José Luis Rodríguez Zapatero estaba echada.

Y falló. Estrepitosamente.

El golpe de Estado de abril 2002 y la implicación de España y la UE al apoyar de la mano de Estados Unidos a los golpistas que pretendían derrocar a un presidente constitucional fue rentable para Aznar.

Porque como diría el inspector Renault en Casablanca: “Es el comienzo de una hermosa amistad”.

La siguiente escala de esa amistad sería, menos de un año después, el apoyo de Aznar a la guerra de Bush en Irak, marzo de 2003.








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