El lado oscuro

4 de enero de 2026
1 minuto de lectura
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«El psicópata no es un enfermo, es un depredador social que utiliza su encanto y la manipulación para conseguir lo que desea sin sentir el menor remordimiento.» – Vicente Garrido Genovés

En el año de 1886 se publica la célebre novela de Robert Louis Stevenson, El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Allí, el autor dejó plasmada una cruenta y eterna realidad: el «monstruo» que, formando parte de la psique de muchos, es ocultado sistemáticamente por el temor paralizante a ser descubierto, al ser una conducta censurable socialmente. Desde la óptica del análisis del comportamiento, esta narrativa es la representación exacta del psicópata integrado: aquel individuo que, careciendo de empatía y conciencia moral, logra mimetizarse perfectamente en la estructura social, ocupando a veces cargos de alta responsabilidad bajo una máscara de absoluta normalidad y encanto superficial.

Se trata de un complejo estado de disociación funcional. El individuo se presenta como dos personas distintas; la máscara pública es el ciudadano ejemplar, mientras que la personalidad huésped representa al *psicópata subclínico. Este último es el depredador que no necesariamente comete actos sangrientos, sino que destruye vidas y organizaciones a través de la mentira patológica y el parasitismo. No obstante, en ocasiones, bajo esa apariencia de «integrado», puede subyacer un psicópata criminal o sangriento que solo aguarda el momento de impunidad total para revelar su verdadera naturaleza destructiva.

En la obra literaria, advertimos de que la «personalidad anfitriona» mantiene y oculta a la «personalidad huésped», la cual subyace en lo pérfido, en lo banal y en lo egoísta. Esta sombra preferiría dominar por completo al anfitrión, pero se ve frenada por la crítica social y la hipocresía de un entorno que, a menudo, prefiere ignorar las señales del mal por mera conveniencia.

Hoy, en pleno año 2026, nos encontramos con que la barbarie que creíamos superada ha evolucionado hacia formas más sutiles y peligrosas. Estamos viviendo momentos notablemente difíciles donde el barniz de la civilización es peligrosamente delgado. Observamos cómo individuos con rasgos psicopáticos se quitan las máscaras, revelando que su supuesta ética era solo una estrategia de caza. Como sociedad, es imperativo desarrollar la agudeza para identificar estas personalidades huéspedes antes de que terminen por devorar definitivamente los cimientos de la convivencia honesta y la justicia real.

«A diferencia de los psicópatas criminales, los psicópatas integrados son aquellos que viven entre nosotros, con familias y trabajos exitosos, pero dejando un rastro invisible de devastación emocional a su paso.»Robert Hare

Doctor Crisanto Gregorio León
Profesor Universitario

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