La normalidad ferroviaria en Cataluña se rompió de forma abrupta con un accidente grave en la red de Rodalies. Un muro de contención se desplomó sobre la vía y chocó contra un tren de la línea R4 que circulaba entre Gelida y Sant Sadurní d’Anoia. El impacto provocó una escena de caos y dejó un balance devastador: una persona fallecida y cerca de veinte heridos, varios de ellos en estado grave.
El muro cayó de forma repentina y golpeó la parte frontal del convoy. La víctima mortal viajaba en la cabina del tren, la zona que recibió el impacto más directo. En los primeros vagones también se concentraron los heridos de mayor gravedad. Algunos pasajeros quedaron atrapados durante horas, sin poder abandonar el tren de inmediato.
Los equipos de emergencia actuaron con rapidez. Hasta 28 dotaciones de bomberos se desplazaron a la zona para rescatar a los viajeros y asegurar la infraestructura. Los sanitarios atendieron a los heridos en el lugar y organizaron traslados urgentes a centros hospitalarios. Muchos pasajeros, aún conmocionados, relataron el miedo vivido tras el golpe y el frenazo brusco.
El accidente transformó un trayecto habitual en una experiencia traumática. Personas que regresaban a casa o se dirigían a su destino laboral vieron cómo, en segundos, todo cambiaba. El silencio posterior al impacto, los gritos y la espera marcaron una noche difícil de olvidar.
El accidente activó de inmediato a las autoridades catalanas. El conseller de Presidencia, Albert Dalmau, aseguró estar en contacto permanente con los responsables de Interior, Salud y Portavocía para seguir la evolución del siniestro y coordinar la respuesta. “Se movilizan todos los recursos necesarios para garantizar la seguridad de los afectados”, señaló en un mensaje público.
La consellera de Interior, Núria Parlon, y la consellera de Salud, Olga Pané, se desplazaron hasta el lugar del accidente para conocer de primera mano la situación y supervisar las labores de emergencia. El objetivo inmediato fue atender a las víctimas, pero también evaluar las causas del desprendimiento del muro, que podría estar relacionado con el estado de las infraestructuras o con factores meteorológicos recientes.
La tragedia se vio agravada por otro incidente ferroviario ocurrido el mismo día: un tren de la línea RG1 perdió un eje entre Blanes y Maçanet, lo que obligó a interrumpir la circulación. Aunque sin consecuencias personales, el episodio alimentó la preocupación ciudadana sobre la fiabilidad y el mantenimiento de la red ferroviaria.