El regreso del ser humano a la Luna vuelve a retrasarse. La NASA ha decidido retirar de la plataforma de lanzamiento el cohete SLS (Sistema de Lanzamiento Espacial) y la nave Orión, protagonistas de la misión Artemis II, tras detectar una incidencia técnica que requiere una revisión más profunda. Lo que estaba previsto como un paso decisivo hacia la exploración lunar en marzo tendrá que esperar unas semanas más.
La decisión no se ha tomado a la ligera. En el ámbito aeroespacial, cada detalle cuenta. Y cuando hay astronautas implicados, la seguridad se convierte en el eje central de cualquier decisión. Aunque el aplazamiento pueda generar cierta decepción, también demuestra el compromiso de la agencia con la rigurosidad y el control absoluto de todos los sistemas.
El origen del retraso está en un inconveniente detectado en el flujo de helio hacia la etapa superior del cohete. Este gas desempeña un papel esencial en la presurización y el correcto funcionamiento del sistema de propulsión. Ante la duda, los ingenieros han optado por frenar el proceso y analizar con detalle el comportamiento del sistema.
Además, la previsión de fuertes vientos en la Costa Espacial de Florida aceleró la decisión de retirar las plataformas instaladas y preparar el traslado del conjunto al Edificio de Ensamblaje de Vehículos (VAB), en el Centro Espacial Kennedy. El recorrido, de unos 6,4 kilómetros, se realiza a una velocidad extremadamente lenta y puede durar varias horas. No es un simple movimiento logístico: es parte de un protocolo cuidadosamente diseñado.
Volver al hangar permite trabajar en un entorno controlado. Allí, los equipos podrán inspeccionar la nave y el cohete con mayor precisión, identificar el origen exacto del problema y aplicar las soluciones necesarias. Este movimiento, lejos de suponer un revés definitivo, podría incluso preservar la ventana de lanzamiento prevista para abril, siempre que los análisis y reparaciones avancen según lo esperado.
La misión Artemis II no es un lanzamiento cualquiera. Supone el regreso del ser humano al entorno lunar más de medio siglo después del programa Apolo, que concluyó en 1972. El vuelo, de aproximadamente diez días, llevará a cuatro astronautas a orbitar la Luna como paso previo a futuras misiones que sí buscarán el alunizaje.
La tripulación está formada por el comandante Reid Wiseman, el piloto Victor Glover, la especialista de misión Christina Koch y el astronauta canadiense Jeremy Hansen. Tras el anuncio del retraso, han abandonado la cuarentena y permanecen en Houston a la espera de nuevas indicaciones.
Más allá de la espera, este episodio recuerda que la exploración espacial es un proceso complejo donde la precisión, la responsabilidad y la paciencia son fundamentales. Cada revisión es una garantía. Cada aplazamiento, una inversión en confianza. Porque cuando el ser humano vuelva a la Luna, lo hará respaldado por un trabajo minucioso que no deja espacio para la improvisación.