España cierra 2025 con un descenso notable de la inmigración irregular, una tendencia que marca un punto de inflexión tras varios años de fuerte presión migratoria. Según los datos oficiales del Ministerio del Interior, un total de 36.775 personas llegaron al país por vías no regulares entre el 1 de enero y el 31 de diciembre de 2025. La cifra supone una reducción del 42,6% respecto a 2024, cuando se registraron más de 64.000 llegadas.
Este retroceso no solo tiene valor estadístico. Detrás de los números hay vidas, decisiones difíciles y rutas cambiantes, pero también políticas de control más estrictas, cooperación internacional y un reajuste de los flujos migratorios hacia otros puntos del Mediterráneo y del Atlántico.
Los datos de 2025 confirman una ruptura clara con la dinámica ascendente que se había consolidado en 2023 y 2024, dos años situados entre los más intensos de la última década. El máximo histórico sigue siendo 2018, con más de 64.000 llegadas, una cifra que ahora vuelve a parecer lejana.
La vía marítima continúa siendo la principal puerta de entrada, aunque con un descenso muy significativo. En total, 32.925 personas alcanzaron las costas españolas por mar, casi la mitad que el año anterior. También se redujo de forma notable el número de embarcaciones, lo que apunta a una menor actividad de las rutas más habituales.
El caso de Canarias resulta especialmente llamativo. El archipiélago pasó de recibir casi 47.000 personas en 2024 a algo menos de 18.000 en 2025, una bajada superior al 60%. Este descenso ha supuesto un alivio logístico y humanitario para unas islas que llevaban años soportando una presión constante sobre sus recursos de acogida.
Aunque el balance global es positivo en términos de reducción, el mapa migratorio español sigue mostrando contrastes importantes. Mientras que la llegada por mar a la Península también bajó ligeramente, Baleares rompió la tendencia con un aumento superior al 24%, lo que indica un desplazamiento parcial de las rutas, según Europa Press.
Además, las entradas por vía terrestre en Ceuta y Melilla crecieron con fuerza. En conjunto, aumentaron más de un 45%, con un repunte especialmente acusado en Melilla. Estos datos recuerdan que la inmigración irregular no desaparece, sino que se transforma y busca nuevos caminos.
En perspectiva histórica, 2025 se sitúa en una posición intermedia: por debajo de los grandes picos, pero aún lejos de los mínimos de otros años. Más allá de los números, el reto sigue siendo encontrar un equilibrio humano, político y social que combine control, cooperación y respeto a los derechos fundamentales.