«Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo», José Ortega y Gasset, Meditaciones del Quijote, 1914.
La circunstancia de Feijóo, ¿cuál es? La necesidad de acabar con Pedro Sánchez y coger el Gobierno.
Se dirá: la misma circunstancia que guía a Pedro Sánchez, es decir, mantener el Gobierno.
Pero he aquí la diferencia: en democracia se acude a elecciones para cambiar al Gobierno.
Se dirá: Feijóo ya ganó en julio de 2023 y Sánchez le arrebató el Gobierno.
Entonces se dirá: Feijóo no puede limitarse a esperar a unas elecciones. Tiene que acosar y derribar.
Y, además, Feijóo tiene cada vez más competencia: Abascal le pisa los talones. Y no solo fuera del PP. También dentro: ahí está la quinta columna en Madrid de Isabel Díaz Ayuso.
Siente, por tanto, que cuánto más pueda acosar, mejor. No puede dar tregua. Ese es su laberinto.
El lunes 19, el líder del PP comenzó su estratégica aproximación al ataque con una queja: el Gobierno no aporta información al PP sobre el accidente de Adamuz.
A todo esto, el ministro de Transportes, Óscar Puente, estaba al habla con el presidente de Andalucía, Juan María Moreno Bonilla; y también el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, estaba en contacto permanente con él.
El martes 20, el presidente Sánchez y su jefe de gabinete, Diego Rubio, intuían que la queja sobre «la falta de información» de Feijóo, desde Adamuz, era el prólogo de una deriva que estaba en marcha.
El análisis, según fuentes fiables, fue este: hay que distinguir entre el PP de Andalucía y el PP Nacional o de Madrid.
El primero fue consciente de que la situación requiere en las circunstancias del accidente de Adamuz una conducta de lealtad institucional y colaboración alejados del ruido político. Y ya hilando más filo: que una radicalización fortalecía a Vox, habida cuenta de que las elecciones andaluzas están en el horizonte de unos meses.
Sus contactos y la colaboración con Puente y con Sánchez, pues, reflejaron esas circunstancias.
Rubio, pues, cogió su móvil y envió un mensaje a Marta Varela, la jefa de gabinete de Feijóo. Quería aclararle dos cosas. Primero que su teléfono estaba siempre disponible y que le llamaran con lo que quisieran ya que intentaría aportar la información que se pidiera. Rubio agradeció el tono de la primera intervención de Feijóo en Adamuz.
Pero, también, apuntó que el Gobierno no informaba de forma bilateral al líder de la oposición ya que no se hacía esto de forma bilateral con ningún grupo parlamentario. Y eso se debía al hecho de que no se veía que esa era la forma de trabajar. Que tenía prioridad la transparencia total con los ciudadanos, con los medios de comunicación. En otros términos: el Gobierno no asumía la existencia de distintos planos de información.
A saber: primer plano en el que el Gobierno lo sabe todo; segundo plano, Feijóo y tercero, los medios de comunicación ciudadanos. Según la versión de Rubio, solo hay un plano: el Gobierno va siendo informado por los técnicos, quienes investigan, según estos informan, se va transmitiendo la información a la opinión pública.
Marta Varela filtró a los medios el intercambio privado con Rubio, pero solo en parte, en aquello positivo para el PP, es decir que el Gobierno agradecía el tono de la primera reacción de Feijóo.
Si bien se mira, la queja de Feijóo responde a un patrón de conducta. Ya lo hizo durante la dana valenciana del 29 de octubre de 2025 y con ocasión de los incendios en agosto pasado.
“Se trata de naturalizar y exigir al Gobierno que no puede informar a todo el mundo a la vez, que el líder de la oposición debe tener acceso a una información “privilegiada” antes que otros. No es aceptable”, señala una fuente gubernamental consultada.
¿Pero es el sambenito de la “falta de información” el tema de fondo?
No parece. La deriva de Feijóo hacia el ataque frontal contra el Gobierno por el accidente de Adamuz ha sido la crónica de una criminalización anunciada.
Los instintos golpistas, por así calificar el sentido una estrategia de acoso y derribo del Gobierno, a corto y largo plazo, no se limitan a confiar en la acción judicial en general sino a convertirle en culpable al margen de cualquier investigación sobre los hechos de la vida cotidiana.
“Si no abordamos la circunstancia, más allá de los errores que haya podido cometer el maquinista en Angrois, no vamos a evitar que tragedias como la de Santiago que provocaron 79 muertos y 143 heridos, vuelvan a ocurrir”, escribí el 28 de julio de 2013.
Mira tú por dónde, este viernes 23 de enero de 2026, la Audiencia de A Coruña ha confirmado la condena del maquinista Francisco Garzón, dictada por el juzgado de lo Penal 2 de Santiago el 26 de julio de 2024, pero revocó la de ex director de seguridad de Adif, Andrés Cortabitarte, y le ha absuelto. El voto particular de una de las magistradas, en cambio, señala que debió mantenerse la condena porque el entonces directivo de Adif tenía la obligación de evaluar correctamente el riesgo y que este se transfirió conscientemente en su totalidad al maquinista, tal como quedó acreditado en los hechos probados de la sentencia de 2024, que no han sido modificados en la nueva sentencia.