Los datos demográficos de los dos primeros meses del año confirman la tendencia de envejecimiento en España. Según la última estimación del Instituto Nacional de Estadística (INE), el país registró 51.910 nacimientos frente a 82.526 defunciones, lo que arroja un saldo vegetativo negativo de 30.616 personas. Este desajuste subraya la brecha persistente entre la mortalidad y la capacidad de renovación poblacional del país.
A pesar de la tendencia general, la natalidad ha experimentado un leve respiro. En el acumulado de enero y febrero, el número de alumbramientos creció un 1,4% respecto al mismo periodo de 2025. Sin embargo, el análisis mensual revela que las cifras siguen siendo discretas: en febrero nacieron 24.362 bebés, y el país encadena ya más de cuatro años sin lograr superar la barrera de los 30.000 nacimientos mensuales.
Un dato revelador sobre el cambio en el modelo social es la edad de la maternidad. Por quinto mes consecutivo, el número de niños nacidos de mujeres mayores de 40 años (2.543) superó al de las madres menores de 25 años (2.208). El grueso de la natalidad se sigue concentrando en la franja de los 30 a 39 años, que acumuló más de 32.500 nacimientos en este primer bimestre.
En el otro lado de la balanza, la mortalidad ofrece una estadística más positiva dentro del contexto demográfico. Las 82.526 defunciones registradas suponen la cifra más baja desde el año 2020, antes del impacto de la pandemia. Solo en el mes de febrero fallecieron 1.132 personas menos que en el mismo mes del ejercicio anterior, consolidando un descenso gradual en el número de muertes.
En definitiva, aunque España registra menos fallecimientos y un ligero aumento en los partos, las cifras no son suficientes para revertir la pérdida de población natural. El incremento del 1,4% en los nacimientos es un dato esperanzador, pero el país sigue inmerso en un escenario donde el saldo vegetativo negativo marca el ritmo de su realidad social y demográfica actual.