El derbi madrileño volvió a decidir un billete importante y, esta vez, cayó del lado blanco. El Real Madrid logró imponerse por 1-2 al Atlético de Madrid en una semifinal intensa, exigente y poco vistosa. El premio es mayúsculo: una nueva final de la Supercopa y un Clásico ante el FC Barcelona que promete emociones fuertes.
El partido arrancó de la mejor manera posible para los blancos. Fede Valverde sorprendió cuando apenas habían pasado dos minutos con un zapatazo imparable desde la frontal. Un golpe directo que marcó el guion del encuentro. A partir de ahí, el Real Madrid optó por replegarse, ceder el balón y confiar en su solidez defensiva y en el contragolpe.
El Atlético puso más intensidad y energía, empujado por su necesidad de revancha tras el último derbi. Buscó constantemente a Alexander Sorloth con centros laterales, pero se encontró con una defensa firme y con un Courtois muy seguro bajo palos. El conjunto de Xabi Alonso se mostró espeso con balón, pero supo resistir en los momentos de mayor presión rojiblanca, según Europa Press.
Antes del descanso, ambos equipos tuvieron opciones. El Madrid pudo ampliar la ventaja, pero también sufrió. El Atlético encerró por momentos a su rival, aunque sin la claridad necesaria para romper el orden defensivo blanco. El 0-1 al descanso dejaba todo abierto.
La segunda parte mantuvo el mismo guion. El Atlético apretó, movió piezas y buscó el empate con insistencia. Sin embargo, el Real Madrid volvió a demostrar que no necesita dominar para hacer daño. En una acción al espacio, Valverde filtró un balón perfecto y Rodrygo definió con sangre fría para firmar el 0-2.
Ese gol parecía sentenciar la semifinal, pero el Atlético no se rindió. Sorloth recortó distancias tras un centro preciso y devolvió la emoción al tramo final. A partir de ahí, el partido se convirtió en un ejercicio de resistencia para los blancos, que terminaron pidiendo la hora ante los intentos de Griezmann, Llorente y Julián Álvarez.
El cansancio hizo mella en ambos equipos, pero el Real Madrid supo gestionar mejor los últimos minutos. Aguantó, sufrió y celebró. El pitido final confirmó su quinta final consecutiva de la Supercopa, una muestra de regularidad competitiva.
Ahora, el reto es mayor. En Yeda, espera un Barça que llega con confianza y con recuerdos recientes favorables. Para el Real Madrid, esta final no es solo un título más. Es una oportunidad de reafirmarse, de medirse al eterno rival y de demostrar que, incluso en partidos grises, sigue siendo un equipo hecho para competir y ganar.