El FC Barcelona volvió a mandar un mensaje claro y directo al fútbol español. Sin matices, sin dudas. En una semifinal de la Supercopa marcada por el ritmo, la ambición y la pegada, el conjunto azulgrana firmó una victoria incontestable por 5-0 ante el Athletic Club, sellando su pase a la final y confirmando que quiere seguir reinando en esta competición.
El partido apenas había comenzado cuando el Athletic intentó avisar en un saque de esquina. Fue un espejismo. A partir de ahí, el Barça tomó el control emocional y futbolístico del encuentro. Ritmo alto, circulación rápida y hambre ofensiva. El balón fue siempre azulgrana y las ocasiones empezaron a caer por su propio peso.
Con Raphinha incisivo, Pedri encontrando espacios y un joven Roony Bardghji desbordando sin complejos, el Barça fue asfixiando a su rival. El primer gol llegó tras una acción de instinto puro de Ferran Torres, que abrió la lata y desató una tormenta imposible de frenar. En apenas 16 minutos, el conjunto culé firmó cuatro goles que dejaron el partido visto para sentencia antes del descanso.
El Athletic, superado en todas las líneas, no encontró respuesta. Unai Simón, frustrado, recogía una y otra vez el balón del fondo de la red mientras los de Valverde se veían incapaces de frenar un ataque blaugrana que jugaba con confianza, precisión y alegría.
Lejos de relajarse, el Barça mantuvo la misma actitud tras el descanso. El quinto gol, nuevamente de Raphinha, fue el reflejo de una jugada colectiva larga y bien trabajada, símbolo de un equipo que disfruta jugando junto. A partir de ahí, el partido bajó de revoluciones, pero no de concentración.
La entrada de Lamine Yamal y Dani Olmo sirvió para refrescar ideas y seguir acumulando sensaciones positivas. El Athletic tuvo alguna llegada aislada, pero se topó con un Joan Garcia seguro y decidido a mantener la portería a cero.
Con esta goleada, el Barça se planta en su cuarta final consecutiva de la Supercopa, lanzando un aviso claro a su próximo rival, que saldrá del duelo entre Atlético de Madrid y Real Madrid. El mensaje es claro: este Barça está preparado, convencido y con hambre de títulos. Y cuando juega así, resulta muy difícil de detener.