La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, ha destituido a Vladimir Padrino López como ministro de Defensa tras más de una década en el cargo. En su lugar, ha nombrado al general Gustavo González López, en un movimiento que marca un cambio importante en la estructura militar del país. La decisión llega en un contexto político especialmente tenso tras la captura de Nicolás Maduro en una operación militar estadounidense.
Rodríguez agradeció públicamente la labor del ministro saliente, destacando su trayectoria y fidelidad. “Agradecemos a Vladimir Padrino López por su entrega, su lealtad a la Patria”, expresó, añadiendo que seguirá colaborando con el Gobierno en “nuevas responsabilidades” aún no detalladas. Padrino ocupaba el cargo desde 2014, siendo una de las figuras más influyentes del chavismo.
El nuevo titular de Defensa, Gustavo González López, cuenta con una amplia experiencia en el ámbito de la seguridad y la inteligencia. Ha dirigido organismos clave como el Sebin y la Dirección de Contrainteligencia Militar, además de haber sido ministro de Interior y Justicia. Su perfil está estrechamente vinculado al aparato de seguridad del Estado y a la cúpula del poder político venezolano.
El relevo se produce dos meses después del ataque militar estadounidense en Caracas y otras regiones, que culminó con la detención de Maduro y su esposa, Cilia Flores. Este hecho desencadenó una profunda crisis institucional y obligó a reorganizar el liderazgo político y militar del país, acelerando los cambios dentro del Gobierno.
Desde que asumió como presidenta encargada el 5 de enero, Rodríguez ha impulsado una serie de modificaciones en el gabinete. Entre ellas destacan nuevos nombramientos en áreas estratégicas como hidrocarburos e industria, en lo que parece ser un intento de consolidar su poder y estabilizar la situación interna.
Además, la mandataria ha iniciado un acercamiento con Estados Unidos, al que ha llegado a referirse como “socio y amigo”. Este giro diplomático, junto con la renovación de altos cargos, refleja una estrategia orientada a redefinir las relaciones internacionales y reforzar el control del Ejecutivo en medio de una etapa de gran incertidumbre política.