El verano en España ya no es el mismo que conocíamos hace apenas unas décadas. Los datos más recientes reflejan una realidad que muchos ciudadanos perciben cada año: las temperaturas son más elevadas, las olas de calor son más frecuentes y las noches ofrecen cada vez menos descanso. En los últimos treinta años, la temperatura media estival ha aumentado cerca de 2 ºC, pasando de los 22,3 ºC registrados en 1994 a los 24 ºC alcanzados en 2025.
Este incremento no solo supone una cifra estadística. Tiene consecuencias directas en la vida cotidiana, la salud y el medioambiente. Las jornadas con temperaturas superiores a los 35 ºC son cada vez más habituales durante los meses de junio, julio y agosto. Además, los registros superiores a 40 ºC, que antes eran considerados excepcionales en muchas zonas del país, se han convertido en una situación recurrente durante los veranos más recientes.
Uno de los cambios más significativos es la desaparición progresiva de las noches frescas. Las llamadas noches tropicales, en las que la temperatura mínima no baja de los 20 ºC, y las noches tórridas, con mínimas superiores a los 25 ºC, han alcanzado niveles históricos. Al mismo tiempo, las noches con temperaturas inferiores a los 15 ºC son cada vez menos frecuentes.
Este fenómeno afecta especialmente al descanso de las personas y aumenta la sensación de agotamiento durante los episodios de calor intenso. Además, el cambio ya no se limita a las regiones tradicionalmente más cálidas. Zonas de la cornisa cantábrica, conocidas durante años por sus veranos suaves, registran actualmente temperaturas medias estivales que superan los 20 ºC de manera habitual.
Los expertos advierten de que el calor extremo es hoy un fenómeno más frecuente, intenso y generalizado. Los últimos años han marcado récords históricos y muestran una tendencia clara: el verano español continúa calentándose y las noches frescas, que antes eran habituales, se están convirtiendo en un recuerdo cada vez más lejano.