La etimología nos enseña que la palabra «loco» no fue creada como un término médico, sino como un estigma social. La sociedad antigua no necesitaba diagnosticar; necesitaba categorizar para segregar. Por lo tanto, el vocablo nace del miedo o de la burla hacia aquel que no encaja en la «mesura» o en el comportamiento previsible del grupo. Pero, a los fines de este artículo, nos referiremos al insano: alguien que, por razones de salud o estado mental, ha perdido el juicio (mentis amens).
Es necesario aclarar desde la medicina y la psiquiatría moderna que no existe un diagnóstico médico único llamado «locura». El término es un concepto coloquial, histórico y sociológico, pero carece de validez técnica en la nosología médica actual.
Lo que la sociedad denomina erróneamente como «locura» corresponde a una amplia gama de trastornos mentales clasificados bajo criterios clínicos específicos (como los que se encuentran en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, DSM-5, o la Clasificación Internacional de Enfermedades, CIE-11). Cuando una persona presenta conductas que el entorno etiqueta de forma genérica como «locura», desde el punto de vista médico se evalúa si existe:
Sobre cómo una persona llega a este estado, es vital comprender que la etiología de estos trastornos es una interacción compleja, nunca un evento lineal. Desde la perspectiva científica, el fenómeno se explica a través del modelo de diátesis-estrés. En primer lugar, existe una predisposición o diátesis: una carga genética y una configuración neurobiológica previa que crea un terreno de mayor susceptibilidad. En segundo lugar, intervienen los disparadores ambientales, como traumas severos, consumo de sustancias neurotóxicas o estrés crónico, que actúan como catalizadores.
Finalmente, ocurre el punto de ruptura o descompensación, donde el cerebro, al agotar sus recursos adaptativos, pierde el juicio. Nadie elige perder la cordura, pues la insania es el resultado inevitable cuando la historia personal se estrella contra los límites de nuestra propia arquitectura biológica.
Médicamente, la «locura» se descompone en estos diagnósticos específicos, los cuales requieren una evaluación clínica basada en la semiología, la historia clínica y la evaluación del estado mental del paciente. El uso del término «loco» es impreciso y no permite establecer un protocolo de tratamiento, ya que cada una de estas patologías tiene una etiología, un pronóstico y un abordaje terapéutico completamente distintos.
«La alienación es un estado que se establece en el ser como una segunda naturaleza; no existen retornos al orden previo, solo el manejo técnico de una realidad fragmentada que acompañará al sujeto por el resto de su existencia.» — Benedict Morel
Es imperativo comprender que la alteración de la salud mental no distingue estratos sociales, credos ni niveles académicos. La insania no es una condición ajena que habita exclusivamente en los manicomios; se encuentra al acecho en la mesa familiar, en el pupitre del aula, en los pasillos de los tribunales o en la sacristía. Ninguna profesión confiere inmunidad ante el desmoronamiento de la cordura. Ya sea usted médico, abogado, ingeniero, sacerdote o pastor, la estructura de su psique es, en última instancia, una arquitectura biológica sujeta a fracturas.
La cordura, en cualquiera de sus manifestaciones, es una posesión precaria que puede desvanecerse en el momento menos pensado, recordándonos que todos, sin excepción, caminamos sobre la cuerda floja de nuestra propia neurobiología.
«La enfermedad mental no se borra, se gestiona. Quien ha perdido la coherencia de su razón no regresa a un estado anterior; el daño en la arquitectura de su psique es una marca permanente que exige una vigilancia clínica vitalicia.» — Karl Jaspers
Doctor Crisanto Gregorio León
Profesor Universitario