El salario más frecuente en España alcanzó en 2024 los 16.520 euros brutos anuales, según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Esta cifra supone un incremento del 6% respecto al año anterior y refleja el impacto que han tenido las sucesivas subidas del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) durante los últimos años.
El aumento del salario mínimo ha provocado que muchos trabajadores con sueldos más bajos hayan pasado a concentrarse en franjas salariales superiores, especialmente entre los 16.000 y 17.000 euros anuales. De hecho, esta banda se ha convertido en la más habitual entre los asalariados españoles.
Aun así, el salario más frecuente sigue situándose bastante por debajo del salario medio anual, que en 2024 alcanzó los 29.540 euros brutos. Esta diferencia se explica porque en España existe una gran concentración de trabajadores en los tramos salariales más bajos, mientras que los salarios altos elevan notablemente la media general.
El INE también destaca que casi tres de cada diez asalariados cobraron entre 16.000 y 23.000 euros anuales durante el último año.
Otro de los datos relevantes del informe es la evolución del salario medio entre hombres y mujeres. El sueldo medio anual masculino superó los 32.000 euros en 2024, mientras que el femenino se situó cerca de los 27.000 euros.
Aunque la brecha salarial continúa existiendo, las diferencias se han reducido ligeramente en comparación con ejercicios anteriores. Según el INE, parte de esta distancia se explica por factores como el tipo de empleo, la jornada laboral o los sectores donde trabajan hombres y mujeres.
El estudio también refleja que el salario mediano —el que divide a los trabajadores en dos grupos iguales— alcanzó su cifra más alta histórica, situándose en más de 24.400 euros anuales.
Los datos muestran una tendencia de crecimiento sostenido de los salarios en España, que ya acumulan once años consecutivos de subidas. Sin embargo, expertos económicos recuerdan que el aumento del coste de la vida y de la inflación sigue condicionando el poder adquisitivo real de muchas familias, especialmente aquellas con ingresos más bajos.