La Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD) ha alertado sobre el riesgo de normalizar una diarrea que se prolonga durante varias semanas. Los especialistas recuerdan que, cuando este problema persiste más de un mes, es importante acudir a consulta médica para identificar la causa y descartar enfermedades digestivas más importantes.
La doctora Carolina Malagelada, especialista del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona, explica que muchas personas conviven durante años con alteraciones intestinales pensando que forman parte de su rutina habitual. Sin embargo, los expertos advierten de que una diarrea crónica no debe considerarse normal, aunque aparentemente no afecte gravemente a la vida diaria.
En muchos casos, las diarreas breves suelen estar relacionadas con gastroenteritis o intoxicaciones alimentarias. El problema aparece cuando los síntomas se mantienen en el tiempo o van acompañados de señales de alarma como dolor abdominal intenso, sangre en las heces, pérdida de peso, fiebre o necesidad de levantarse por la noche para ir al baño.
Además, los especialistas recuerdan que el uso frecuente de medicamentos antidiarreicos sin supervisión médica puede retrasar el diagnóstico adecuado y empeorar determinadas patologías.
Desde la FEAD explican que muchas causas de diarrea crónica son benignas, aunque requieren tratamiento para mejorar la calidad de vida del paciente. Entre las más frecuentes se encuentran el síndrome del intestino irritable, la diarrea funcional o algunas intolerancias alimentarias como la lactosa o la celiaquía.
También existen medicamentos habituales que pueden provocar este problema, como ciertos antibióticos, antiinflamatorios o tratamientos para la diabetes. No obstante, los médicos insisten en que algunas enfermedades más serias también pueden manifestarse con diarrea persistente, entre ellas la enfermedad inflamatoria intestinal o el cáncer de colon.
Los expertos subrayan que determinados grupos deben prestar especial atención a estos síntomas, especialmente personas mayores de 50 años o quienes tienen antecedentes familiares de enfermedades digestivas. Para estudiar cada caso, los especialistas pueden recurrir a análisis, pruebas de heces o incluso colonoscopias, dependiendo de la evolución y gravedad de los síntomas.