El mareo es uno de los síntomas más comunes en las consultas médicas, pero el doctor Manuel Mozota Núñez, de la SEMG, aclara que no es un diagnóstico en sí mismo. En términos clínicos, puede manifestarse de cuatro formas: vértigo (giro de objetos), inestabilidad (pérdida de equilibrio), presíncope (sensación de desmayo) o aturdimiento. Es un síntoma especialmente frecuente en las mujeres debido a la influencia hormonal en las migrañas, la tensión arterial y los niveles de hierro.
Las causas son muy variadas, siendo las alteraciones del oído interno, como el vértigo posicional benigno o la enfermedad de Menière, las más habituales. No obstante, también existen factores neurológicos como la migraña vestibular o problemas cardiovasculares relacionados con arritmias y bajadas de tensión. Además, el estilo de vida juega un papel crucial: el estrés y la ansiedad pueden provocar inestabilidad o hiperventilación, mientras que la falta de sueño descompensa el sistema vestibular.
La alimentación y la hidratación son pilares fundamentales en la prevención de estos episodios. Saltarse comidas puede derivar en hipoglucemias, mientras que el exceso de sal agrava problemas como la hipertensión o la enfermedad de Menière. La deshidratación, muy común tras el ejercicio o en verano, es otra causa directa de mareos. Por ello, los especialistas recomiendan mantener rutinas estables de sueño y nutrición para evitar que el sistema de equilibrio se vea afectado.
Ante un episodio repentino, la prioridad absoluta es evitar caídas. Se recomienda detenerse de inmediato, sentarse o tumbarse, aflojar la ropa y fijar la vista en un punto estable sin mover la cabeza. Es fundamental no levantarse de golpe y evitar realizar actividades peligrosas como conducir o subir escaleras. Aunque la mayoría de los mareos benignos duran apenas unos segundos o minutos, es vital mantener la calma para no cronificar el problema por el miedo al movimiento.
El doctor Mozota destaca que existen «señales de alerta» que obligan a acudir a Urgencias: visión doble, dificultad para hablar, debilidad en un lado del cuerpo, dolor de pecho o una cefalea intensa y nueva. A pesar del temor que generan, muchos tipos de mareo son tratables o curables mediante maniobras físicas, dietas específicas o rehabilitación vestibular. El diagnóstico correcto es la llave para recuperar la seguridad al caminar y la calidad de vida.