Es de pura lógica que el Presidente del Tribunal Constitucional haya incorporado a su coche oficial un desfibrilador. Pronto ese artilugio se convertirá para las familias en un elemento indispensable de supervivencia, como el teléfono móvil, sin el cual, los pasos y los pulsos se nos antojan abandonados en el infortunio.
Defiendo el uso de un desfibrilador de bolsillo porque el diario vivir somete al corazón a unas estridencias para las que no está preparado. Y, hasta que se encuentran los antídotos que estabilicen su asombro, ese latir suyo, que debiera acompasarse únicamente en amores, se altera en una convulsión insoportable de desdichas. Como mano que sujetara los ímpetus imprevistos, así la presencia del desfibrilador.
No hay corazón que pueda soportar sin su ayuda, que Exteriores se gaste 5,2 millones de euros para desterrar la corrupción en Mozambique y aquí, con la falta que nos hace, se presente sólo el gasto de quince mil euros en joyas, pañuelos y corbatas del mismo Presidente que ha puesto el desfibrilador en su coche….
Yo propongo para todos un desfibrilador casero que pague la Seguridad Social.