Con motivo del Día Mundial del Cáncer de Vejiga, el doctor Tomás Fernández, jefe de Urología del Hospital Morales Meseguer, ha hecho un llamamiento crítico sobre la prevención de esta patología. El experto sostiene que, a diferencia de otros tumores, este tiene un origen mayoritariamente ambiental y no genético. Según afirma Fernández, «lo habitual es que se trate de una enfermedad relacionada principalmente con el consumo de tabaco (…) por lo que en gran medida es prevenible».
España presenta una de las incidencias más altas de Europa, un dato que los médicos vinculan directamente con los hábitos de consumo de la población. La enfermedad afecta mayoritariamente a varones mayores de 45 años, quienes representan el 80% de los diagnósticos. El especialista enfatiza la importancia de erradicar el hábito fumador, ya que es el factor de riesgo que más influye en el desarrollo de estas células malignas en el sistema urinario.
El signo de alarma más determinante es la hematuria o presencia de sangre en la orina. Aunque el sangrado puede confundirse con infecciones o cálculos, el urólogo advierte que «un sangrado al orinar sin síntomas añadidos es muy sugestivo de cáncer de vejiga». La detección precoz a través de ecografías o cistoscopias es vital, ya que permite diferenciar si el tumor ha invadido la capa muscular, lo que determinará si es posible conservar el órgano o si es necesaria su extirpación.
Respecto al tratamiento, la medicina está viviendo un cambio de paradigma gracias a los nuevos fármacos. El doctor destaca que el objetivo actual en los casos más graves es cronificar la patología: «Muy probablemente en los próximos años veamos una revolución también fundamentalmente de la mano de la inmunoterapia», asegura. Estos avances están permitiendo que pacientes con enfermedad diseminada tengan opciones terapéuticas mucho más eficaces que hace una década.
El panorama para los pacientes es hoy mucho más optimista. La supervivencia en casos de pronóstico complejo ha pasado de un 40% a situarse entre el 60% y el 70% en la actualidad. Fernández concluye que estos avances suponen «un punto importante para la esperanza», siempre y cuando se combine la innovación médica con una concienciación social drástica sobre los peligros del tabaco.