El Consejo General de la Psicología ha lanzado una nueva guía que propone un cambio radical en cómo tratamos los problemas de sueño. Según este documento, la terapia psicológica debe ser la primera opción para combatir el insomnio crónico, dejando de lado la costumbre de recurrir a pastillas para dormir de forma prolongada. Este trastorno no es un problema menor: afecta al 14% de los adultos en España y, de forma sorprendente, a tres de cada diez niños pequeños.
La técnica estrella de esta propuesta es la llamada Terapia Cognitivo-Conductual para el insomnio (TCC-I). A diferencia de los medicamentos, que a veces solo «tapan» el síntoma, esta terapia busca atacar las causas reales que hacen que el problema se mantenga en el tiempo. Como explica Adolfo Alcoba, psicólogo y coautor de la guía: «Se trata de una intervención estructurada, breve y basada en la evidencia, que ha demostrado ser eficaz y segura», ayudando a los pacientes a dormir mejor sin crear dependencia química.
El tratamiento es práctico y requiere que la persona se involucre activamente. Suele durar entre cuatro y ocho sesiones, en las que se analizan las preocupaciones por no dormir y las rutinas diarias. Una de las piezas fundamentales es el «diario de sueño», donde el paciente anota cuánto tarda en dormirse o cuántas veces se despierta por la noche. Según los expertos, «esta herramienta permite registrar variables y facilita el seguimiento del tratamiento», ayudando a ajustar los consejos a cada caso particular.
La guía también sugiere que esta terapia se puede hacer de muchas formas: a solas con el psicólogo, en grupo o incluso a través de aplicaciones digitales con apoyo profesional. La idea es empezar con consejos sencillos y, si el paciente no mejora, pasar a una atención más especializada. Esto permite que el sistema de salud no se colapse y que cada persona reciba exactamente la ayuda que necesita según la gravedad de su falta de descanso.
Finalmente, el documento pide que haya más psicólogos en los centros de salud (Atención Primaria). Al ser el médico de familia el primero al que acudimos cuando dormimos mal, contar con psicólogos en el mismo centro permitiría actuar rápido y de forma coordinada. Integrar este enfoque en el sistema público ayudaría a que los pacientes reciban una terapia adecuada y personalizada sin que el proceso se complique con esperas innecesarias o recetas de psicofármacos automáticas.