La doctora Miriam Piqueras, directora médica de Sanitas Mayores, ha subrayado que una alimentación adecuada en la tercera edad va mucho más allá de controlar el peso. El objetivo real de una dieta equilibrada en esta etapa es garantizar «la fuerza necesaria para levantarse de la cama con seguridad, salir a la calle o seguir haciendo su vida con autonomía». Según la experta, un déficit nutricional sostenido impacta directamente en la capacidad funcional del mayor.
Un error común y peligroso es recurrir sistemáticamente a cenas demasiado ligeras. Aunque parezca un hábito inofensivo, esta práctica termina reduciendo la calidad de la dieta y afectando tanto a la energía física como a las funciones cognitivas. Piqueras señala que «cuando la dieta se empobrece, ese deterioro pasa factura en la capacidad funcional», dificultando la recuperación ante cualquier contratiempo de salud.
Las causas de esta alimentación deficiente suelen ser la falta de apetito, problemas de masticación o, simplemente, la monotonía en la cocina. En muchos hogares, se opta por sustituir platos completos por opciones rápidas que «resuelven el momento, pero no cubren bien las necesidades nutritivas». Este patrón de «cocinar menos» y repetir siempre el mismo menú acelera la pérdida de masa muscular asociada al envejecimiento.
Para revertir esta tendencia, los expertos de Sanitas recomiendan introducir proteínas desde el desayuno y priorizar siempre los alimentos frescos frente a los ultraprocesados. Además, sugieren realizar tomas de comida más pequeñas pero frecuentes a lo largo del día y, fundamentalmente, «realizar ejercicio de fuerza para mantener la masa muscular», un pilar básico que complementa la nutrición para conservar la energía vital.
Finalmente, se hace un llamamiento a la supervisión profesional para evitar la desnutrición proteico-energética, una condición muy frecuente en este colectivo. La nutricionista Eva M. Bautista defiende que una valoración experta permite «plantear una dieta adaptada, segura y sostenible en el tiempo», identificando las causas reales de la falta de nutrientes y ajustando el plan alimenticio a las necesidades específicas de cada persona.