La crisis de seguridad en Nigeria ha alcanzado niveles críticos en el inicio de 2026, según el último reporte de la ONG InterSociety. En apenas 96 días, se han documentado 1.402 asesinatos y 1.800 secuestros de cristianos, cifras que reflejan un aumento sostenido de la violencia. La organización calificó el panorama como «particularmente grave», destacando que tan solo durante la Semana Santa se registraron 102 homicidios.
El fenómeno del secuestro se ha consolidado como una amenaza letal en el país africano, con una tasa de mortalidad alarmante entre los cautivos. El informe advierte de que «uno de cada diez cristianos secuestrados muere en cautiverio» debido a condiciones inhumanas. Las víctimas enfrentan torturas, hambre y una total falta de atención médica, lo que convierte cada rapto en una sentencia de muerte potencial.
La organización ha lanzado duras críticas contra la administración actual, acusándola de intentar «minimizar la crisis» y de manipular la narrativa oficial. Según el documento, el Gobierno de Nigeria tiende a presentar estos ataques como simples enfrentamientos entre comunidades, ocultando la magnitud de la persecución religiosa y mostrando una supuesta parcialidad de las fuerzas de seguridad frente a los grupos armados.
El mapa del conflicto se ve agravado por la expansión de grupos yihadistas como Boko Haram, ISWAP y Lakurawa en las regiones del noreste y noroeste. Estas organizaciones han intensificado sus operaciones, consolidando su presencia en estados como Kebbi y Sokoto, lo que ha generado un entorno de inestabilidad constante para la población civil y las minorías religiosas.
Ante esta situación, la respuesta militar internacional se ha hecho presente con el apoyo de Estados Unidos. A finales de 2025, se ejecutaron ataques aéreos contra posiciones insurgentes, una acción que el presidente Donald Trump justificó como una intervención necesaria ante lo que describió como una «masacre de cristianos» en territorio nigeriano.